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cine comic y otras hierbas

“La bruja”: El cine como ritual

Filed under: Celuloide — el Lunes, 16 de mayo

“La bruja”, ha tardado más de la cuenta en estrenarse en nuestra cartelera y parecía que quizás tamaño privilegio jamás iba a ocurrir, un sambenito aplicado a otro filme vitoreado en festivales cuyo lanzamiento, casualidad, coincide en el tiempo este mismo fin de semana en nuestras salas: “High-Rise”, otra esperada propuesta de autor difícil de vender que despierta filias y fobias a su paso. Nadie apostaba a que ambos títulos, dos de los proyectos con mayor personalidad de la temporada en el marco del género fantástico, fueran proyectados por estos lares en pantalla grande, salvo en celebraciones puntuales, a pesar de haber cosechado excelentes críticas.

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Retomando “La bruja”, estamos ante una pieza cuyo visionado hay que cuidar al máximo, al tratarse de una manera de entender el cine como ritual. Penetrar en las fauces del sombrío filme de Robert Eggers es vital para dejarse hipnotizar por su planteamiento y verse envuelto por su atmósfera. El público sentado en su butaca es testigo de un espectáculo medido en el que ocurren muchas cosas cuando parece no pasar nada. Lo sobrenatural empapa cada escena de esta cinta que puede adscribirse al gótico americano sin que veamos la amenaza, sin caer en lo obvio y machacar los lugares comunes del terror. El horror no se deja ver, pero está ahí, lo que da mucho más miedo. El diablo nos vigila entre las sombras. El mal se oculta entre los pliegues de nuestra existencia. O quizás todo es un espejismo.

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“La bruja” no es una película de sustos. No va por ahí, aunque el tráiler pueda llevar a engaño. El espectador debe entregarse a la ceremonia en la sala oscura, al aquelarre, y dejarse columpiar por una estética de época pictórica, nada efectista, tan bella como insalubre. El intelecto del público va contaminándose a ritmo pausado con la fascinante descripción del comportamiento de una familia que quizás está tocada por el demonio. O no. Este es el juego macabro, mostrar lo justo para generar inquietud, dejando al horror puro anidar en nuestras mentes. Un cuento de brujas sin escoba, perturbador sin necesidad de ser tremendista ni explícito, que demanda concentración frente a la fragmentación audiovisual y la dispersión que nos embriaga en el nuevo siglo. Ver una película como ésta mientras tuiteamos, o damos al pause de vez en cuando, hace que pierda su sentido. Es no querer al medio.

(fragmentos del amplio artículo para LA BUTACA de El Correo)

Absolutamente pocho todo

Filed under: Celuloide — el Lunes, 16 de mayo

“Absolutamente todo” pudo verse en el pasado festival de Sitges, donde pasó sin pena ni gloria, e inauguró la Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, donde estuvo a punto de ganar el Premio del Público, galardón que finalmente se llevó la desopilante “Turbo Kid”, un sentido y desvergonzado homenaje al cine de serie B de los años 80 que cumplió su misión en el pase colectivo del Teatro Principal, sede esencial del evento donostiarra, enfrentándose a una jauría humana con ganas de mambo audiovisual. Hubiera sido patético que la comedia amable que abrió el certamen, absolutamente tontorrona, se hubiese llevado el preciado trofeo otorgado por la masa. A pesar de estar los Monty Python en los créditos –Terry Jones firma la dirección, el mismo de la estratosférica “La vida de Brian”-, poco tiene que ver con su humor ácido este proyecto sin rumbo fijo con un Simon Pegg domesticado encabezando el reparto. El filme goza de algunos momentos de lucidez, y a la postre entretiene, pero no pasará a la historia del séptimo arte, ni por la puerta de atrás.

Absolutamente todo

Los Monty Python no están presentes físicamente, solamente prestan sus voz a algunos de los personajes generados por ordenador de “Absolutamente todo”, una película de ciencia ficción de andar por casa, con tintes paródicos –demasiado cercana a “Como Dios”, protagonizada por Jim Carrey-, en la cual un grupo de extraterrestres conceden poderes a un ser humano elegido al azar, un profesor de la Tierra al que pone cara el bueno de Pegg, otrora rey de la comedia iconoclasta con títulos como “Zombies Party” o la impagable serie televisiva “Spaced”. Las nuevas habilidades del protagonista, de las que depende el destino del planeta, le permiten hacer cualquier cosa, desde resucitar a un muerto a hacer que un perro hable, y de ahí para arriba, ¡festival del humor! Las situaciones rocambolescas se suceden sin ton ni son en una propuesta que acusa cierta falta de presupuesto en algunos pasajes y busca un público mayoritario que probablemente encuentre en la tarde de cualquier domingo cuando la producción se pase por televisión. Cuesta aceptar que las mismas mentes que perpetraron clásicos del séptimo arte como “Los caballeros de al mesa cuadrada y sus locos seguidores” anden detrás de esta obra del montón.

(texto publicado en el suplemento GPS de EL CORREO, aquí sin cortes)

“High-Rise”, metáfora de altura

Filed under: Celuloide — el Domingo, 15 de mayo

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La dificultad que conlleva adaptar la literatura del visionario escritor J.G. Ballard, un relato tan complejo narrativamente como “High-Rise”, aka “Rascacielos”, no ha impedido a Ben Wheatley firmar otra obra de autor de altura. Si ya demostró su valía en la demoledora “Kill List”, la desopilante “Turistas” o la alucinógena “A Field in England”, aquí se rinde a la experimentación de lleno, invitando al espectador a realizar un viaje alucinante al centro de la decadencia humana. Con Cronenberg en el disparadero (por favor, lean ya su novela de reciente edición “Consumidos”), “High-Rise”, que se estrena en nuestra cartelera contra todo pronóstico, cuenta con el carismático Tom “Loki” Hiddleston encabezando un reparto coral que va rindiéndose a sus bajos instintos a medida que avanza la acción. Un rascacielos es la metáfora de nuestra existencia, del sistema que nos acoge, de una civilización incapaz de avanzar sin pisar la cabeza del prójimo. Las clases sociales se cuentan por pisos, del bajo al ático, y su armonía puede explotar en cualquier momento. Una pieza maestra, arriesgada y perturbadora, que se ha paseado por numerosos festivales internacionales despertando filias y fobias a su paso. ¡Como tiene que ser!

(texto publicado en el suplemento GPS de EL CORREO)

Me da igual “Civil War”

Filed under: Celuloide,Desvaríos — el Miércoles, 4 de mayo

Vamos con otro comentario desenfadado de un estreno superheroico en boca de todos. Esperaba con ansia “Capitán América: Civil War”, pero he de decir que me ha dejado sumamente frío. No hay nada peor que una película que te deja indiferente, que se olvida poco después de salir del cine, que no da para mucha discusión, porque técnicamente no tiene desperdicio, todo encaja y nada llama la atención… ni para bien ni para mal. Después del fiasco de “La era de Ultrón” uno esperaba con ingenuidad un buen meneo, pero los Russo no son dados a salirse del camino marcado, de la senda de la corrección casi académica. Todo funciona con una perfección anodina. Es como cuando vas a ver un concierto de un grupo que idolatras y suenan exactamente como en el disco. Exactamente igual, sin estridencias, sin salidas de tono conscientes, sin riesgo, sin nada que realmente te estremezca (algo que ya había sentido con “El soldado de invierno”, tan matemática como insípida). Estamos abocados al cine-funcionario, a películas que no se salen de una fórmula neutral que busca el beneplácito del gran público, porque hoy en día, como ocurre en Internet, importa la cantidad más que nunca. La calidad técnica la presuponemos con tamaños presupuestos, por el camino se pierde el alma. La emoción artificial manda.

captain-america-civil-warImportan más los followers, los suscriptores, los likes, las comparticiones, los “megusteos” y la gente que pasa por taquilla sin más que cualquier otra cosa, algo lógico cuando se trata de un negocio. Pero qué pena, ¿no? “Capitán América: Civil War” echa a andar por el sendero de la lógica desde el primer segundo, tan milimétricamente que el conjunto de imágenes no aportan nada a mi particular historia del cine de superhéroes, domesticándolo por completo. Prefiero, tírenme piedras, la imperfección de “Batman v Superman” antes que la aburrida armonía de este pan sin sal. Me van las idas de olla, las salidas del tiesto, el desparrame… y si algo así no ocurre en un producto de estas características, con unos tíos en pijama dando saltos con mala baba… ¿dónde puede ocurrir? Vale, en la serie B, que es esto mismo pero sin pasta. Ni los momentos de humor bobalicón ni el intercambio de hostiones han dejado huella en mi castigado cerebro. He aceptado, mal que me pese, que estoy cansado de este tipo de cine lineal que te lleva por donde quiere porque no quiere que haya otro sitio. Algo gordo tiene que pasar en el género de superhéroes en pantalla grande para que vuelva a recuperar la ilusión por la magia de unos personajes que se mueven atendiendo a las marcas de posicionamiento que lucen con cinta de cámara en el suelo. Hay que mirar donde hay que mirar para salir bien en la foto, nada de dejar volar el instinto. Instagram está haciendo mucho daño, con o sin filtros. Todo es blanco o negro, malo o bueno, aunque nos vendan cierta “oscuridad”. Toda la sustancia que tenía el cómic en este sentido, se perdió por los despachos. Ni por asomo se plantean algo realmente retorcido a pesar del escenario. Hay dos bandos y da igual lo que piense cada cual, cada rol, ¡que se peguen entre ellos! Se sigue llevando la posición del misionero, ¿para qué volvernos locos? Show me the money!!! Lloro en silencio.

La invitación (recomendación)

Filed under: Celuloide — el Domingo, 10 de abril
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“La invitación” fue la película triunfadora en el pasado festival de Sitges, una buena muestra de cine independiente de género dirigida por Karyn Kusama, también detrás de “Jennifer´s body”. Su premisa atiende a cierta tendencia en el fantástico que apuesta por rodar en espacios reducidos, acorde al ajuste de presupuesto. Un grupo de amigos se sienta a cenar en una vivienda de un barrio burgués, una opción de ocio muy típica en EE.UU., y nada es lo que parece. Lo que empieza siendo una cita agradable va enturbiándose en beneficio del suspense. A través de los diálogos, y el comportamiento en la mesa, aflora información que pervierte la relación entre los personajes, dando pie a la desconfianza y a un posible estallido de violencia. Como la vida misma. Diseccionar la clase media americana es el objetivo de este tipo de propuestas, en la línea de la estimable “Coherence”. Los dúplex, el chalet adosado y las mansiones pomposas como centro neurálgico del espanto, el espejismo de una existencia aparentemente acomodada. El núcleo residencial como metáfora de nuestros demonios. El miedo escondido en los pliegues de la cotidianidad. El infierno son los demás. Y nosotros mismos.

(texto publicado en el suplemento GPS de EL CORREO)

“Gárgaras”, rodando en los 90

Filed under: Autobombo,Celuloide — el Martes, 5 de abril

Con todos ustedes “GÁRGARAS”, el corto que perpetramos en los años 90 en pleno auge del gore, la caspa y el ensayo. Oda al splatter vintage viéndolo ahora, rodado en formato 4:3 y ripeado de una VHS milenaria. Disfruten vuesas mercedes, cinéfagos de pro, de su buen mal gusto.

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Hay por dónde cogerla

Filed under: Celuloide — el Miércoles, 30 de marzo

No he leído ninguna crítica extendida de “Batman v Superman”, da tanta pereza como escribir sobre ella, solamente algunos comentarios en las redes sociales que insisten en que “no hay por dónde cogerla”, así que me voy atrever a decir que SÍ HAY POR DÓNDE COGERLA y voy a firmar unas líneas desenfadadas en esta era de la sobreinformación donde hay tanta letra resabiada circulando. Ya lo dijo alguien, todo el mundo ejerce su profesión, la que le toca, y la de crítico de cine.

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Entro fuerte porque el Batman crepuscular de Ben Affleck, amargado y empecinado en su idea de la justicia, me ha gustado más que el de Nolan. Mucho más (con muchos menos minutos en escena). Y promete, sobre todo si se cumple la idea de que el actor dirija una película sobre el Hombre Murciélago, además de protagonizarla. Por contra, no entiendo a Lex Luthor, cuyas motivaciones no se explican y la actuación se acerca más al personaje de Joker. Me aburre Superman, como ya lo hizo en “Man of Steel” (con esa Lois Lane omnipresente), filme que lleva su mayor lastre en los créditos, en la producción ejecutiva donde figura el chavalote de “Origen”, el mismo que confunde la épica y la emoción con las imágenes “sobremusicadas” y la virguería técnica sin fondo, cagándola más allá de la forma. El Hombre de Acero es un genocida absoluto, los daños colaterales cuando pelea contra el malvado lo deja bien claro, pero no se profundiza de verdad en su lado oscuro, en esa zona prohibida que se queda en la estética, en esas sombras generadas por ordenador y en ese supuesto barniz de realismo que se olvida del espíritu de los tebeos y opta por una óptica rancia, sumamente seria.

Y hablando del espíritu de los tebeos, “Batman v Superman” funciona especialmente en las escenas de mamporros (como “Man of Steel”), cuando se libera, huye de complejos y se deja llevar por lo que realmente atrapa al lector de toda la vida: ¡las hostias! La historia parece haber sufrido hachazos en su estructura narrativa, si no controlas las historietas de partida no se entiende nada, luego auguro un director´s cut de altura (y duración extrema). A todos nos ha gustado Wonder Woman, porque es la única que pone caras de estar disfrutando con el espectáculo, pero menuda presentación de Aquaman y compañía: metida con calzador y nefasta. Cuando el personaje de Holly Hunter se da cuenta (spoiler), mirando al tarro de pis en el juzgado, que Luthor se la está jugando, es cuando el propio espectador empieza a entender algo. Compartimos la expresión facial de la actriz sentados en la butaca de la sala oscura. A partir de la explosión todo vale, todo fluye, y el que no entre que vuelva a su casa. Toma punto de giro.

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Hay muchos guiños, eso que nos gusta tanto a los aficionados, algunos sensacionales, como Doomsday emulando a King Kong o la película que está viendo Batman de niño con sus padres, “Excalibur”, que remite directamente a la escena de la batalla final (spoiler), cuando Superman clava la lanza al gran villano, por otra parte engendrado no se sabe cómo y porqué (aparte del CGI). No nos hacía falta que nos contasen por enésima vez porqué Bruce Wayne se convierte en el justiciero de la noche, pero Zack Snyder nos regala algunas ideas visuales sugestivas –a mi me gusta su versión de “Watchmen”, que tiene los mismo problemas al pretender mimetizar las viñetas-, nunca olvidemos que firmó el mejor comienzo de una película de terror en tiempo con “Amanecer de los muertos” (antes de toparse con Nolan). “Batman v Superman” es irregular, es fallida, pero es un buen tebeo malo, de esos que alaban los mismos que critican una película complicada en su génesis que me hizo reír involuntariamente en varios momentos, porque no deja de ser serie B con mucha pasta. Me quedo con el chateo, digno de Badoo, entre Wonder Woman y Batman vía email: ¿Eres tú la de la foto? Así de simple. De la ingenuidad al reparto de puñetazos en cuestión de segundos. Hay por dónde cogerla. El monstruo de Frankestein no era lo que parecía a los ojos de los demás.

Regalo envenenado

Filed under: Celuloide — el Domingo, 20 de marzo

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El regalo” pudo verse en el festival de Sitges, donde gustó al personal en general y su rostro principal, también director, productor y guionista, se llevó el Premio al Mejor Actor. Joel Edgerton debuta como realizador con buen pie, tras dejar su impronta delante de las cámaras en cintas potentes como “La noche más oscura” o “Animal Kingdom”. En su ópera prima presenta a un matrimonio feliz (Jason Bateman y Rebecca Hall) cuya armonía se ve descompuesta cuando alguien les envía misteriosos regalos que arrojan luz sobre secretos del pasado. El sabor de la venganza vertebra una propuesta, tan modesta como efectiva en su condición de thriller psicológico, que airea la cartelera por el bien del espectador sin prejuicios. “Para mí, la película empezó con una simple premisa”, indica Edgerton. “¿Qué pasaría si un abusador de instituto se topara con su víctima unos quince años después? ¿Cuáles serían o podrían ser los efectos? ¿Cómo podría afectar el pasado sobre el presente? ¿De qué modo ese pasado silenciado o irresoluto podría quebrar la situación presente?”. El resultado estremece y da qué pensar.

(texto publicado en el suplemento GPS de El Correo)

Bone Tomahawk, gracias…

Filed under: Celuloide — el Domingo, 13 de marzo

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Déjense de “El renacido” si les gusta de verdad el western y la aventura, sobre todo si se cruza con otros géneros, en este caso las didácticas películas de caníbales. “Bone Tomahawk” fue una de las sorpresas del pasado festival de Sitges, donde se llevó el Premio al Mejor Director para el debutante S. Craig Zahler, también responsable del guión, y el Premio de la Crítica. En la línea de la inefable “Los odiosos ocho” de Tarantino, a la que el tiempo le dará la razón, con más diálogos que acción, aunque contundente cuando aparece el meneo, esta ópera prima de modesto presupuesto deja un excelente sabor una vez reposada. Su excesivo metraje se olvida y el espectador se queda con el maremágnum de sensaciones y los excelentes momentos de un filme protagonizado por un grupúsculo de personajes entrañables bien dibujados. La trama transcurre en 1850, en un pueblo del salvaje Oeste donde un sheriff excéntrico (Kurt Russell), se une a un vaquero descarado (Patrick Wilson) y un anciano despistado (Richard Jenkins) para salir en busca de una mujer (Lili Simmons). El marido de la desaparecida (Patrick Wilson) también figura en la expedición y ninguno se libra de llevarse una sorpresa final abracadabrante.

(texto publicado en El Correo)

La juventud, divino tesoro

Filed under: Celuloide — el Martes, 26 de enero

youth_sorrentino_caine_keitelEl cineasta italiano Paolo Sorrentino dio el campanazo con “La gran belleza”, con Oscar incluido, con lo cual su nueva propuesta fue uno de los títulos más ansiados del pasado año. Tras pasearse por innumerables festivales, entre ellos el de Sitges, donde despertó filias y fobias, su último trabajo recae en nuestra cartelera abriendo la temporada con el ánimo de repetir éxito, un objetivo complicado para el cual el alabado realizador va bien preparado: esta vez ha rodado en inglés, ampliando su posible calado internacional, y ha contado con un casting de lujo encabezado por Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano y Jane Fonda. Todo un puntazo de entrada que empuja a pasar por taquilla para degustar esta parábola sobre el paso del tiempo, con certeros momentos cómicos y una estética cuidada al servicio de una historia de ingeniosos diálogos y memorables personajes.

Caine interpreta a un afamado director de orquesta retirado que pasa sus vacaciones en un hotel de lujo en los Alpes. A su lado está su hija traumatizada (Weisz) y su mejor amigo, un director de cine en horas bajas en busca de inspiración al que encarna Keitel. El trío protagonista se cruza con diversos personajes, a cual más excéntrico, en un marco incomparable. El plantel artístico es lo mejor de un filme de ritmo reposado, algo excesivo en su metraje, que ofrece algunas arrebatadoras imágenes surrealistas, como ocurriera en “La gran belleza”. Sorrentino bucea en un tema complicado, cómo enfrentarse al futuro cuando la vida se escapa entre las manos inexorablemente.

(texto publicado en el suplemento GPS de El Correo)

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