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cine comic y otras hierbas

Operación V.I.N.T.A.G.E.

Filed under: Celuloide — el Martes, 18 de agosto

La carrera de Guy Ritchie va elevándose de nuevo tras el fiasco de “Barridos por la marea”, aquel despropósito ideado para impulsar la carrera como actriz de Madonna, su ex-mujer, la gran diva del pop. El realizador británico se contuvo demasiado tras las cámaras después de ventilarse con éxito producciones adrenalíticas que le dieron a conocer en el panorama audiovisual , entre ellas “Lock & Stock” (1998) y “Snatch, Cerdos y Diamantes” (2000), dos tormentas de imágenes influenciadas por el video-clip y las maneras de Quentin Tarantino, por entonces en auge. La saga de Sherlock Holmes, protagonizada por el inmenso Robert Downey Jr. y el no menos competitivo Jude Law, permitieron lucirse y renovarse a un cineasta que destaca habitualmente por su  desparrame visual, ahora sofisticado de la mano de “Operación U.N.C.L.E.”, una película de look vintage enfatizado hasta el paroxismo, con un ritmo endiablado y un sentido del humor tan bienvenido como necesario en el cine de acción de los últimos tiempos, carente de desvergüenza. Entrañables se muestran los personajes principales que interpretan Henry Cavill (“El hombre de acero”), Armie Hammer (“La red social”) y Alicia Vikander, sublime en la recomendable “Ex Machina”, con mención especial para la villana Elizabeth Debicki (“El gran Gatsby”). También interviene en el mimado casting un envejecido Hugh Grant, defendiendo un papel que le viene como anillo al dedo.

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“Operación U.N.C.L.E.” se basa en la serie de televisión de los años sesenta “El agente de CIPOL” y narra las tribulaciones de un grupo de agentes secretos de nacionalidades diversas que ejercen sus triquiñuelas durante la guerra fría. Cavill, el rostro del nuevo Superman, da vida a Napoleón Solo, miembro de la CIA. Inevitablemente, se ve obligado a apartar sus diferencias con Illya Kuryakin (Hammer), en las filas de la KGB, para formar equipo. La misión conjunta es acabar con una organización criminal que coquetea con la tecnología nuclear al servicio de los nazis. Peligra el planeta y el enemigo común es la excusa perfecta para que surja una alianza a la fuerza que da pie al enredo y las situaciones disparatadas en medio del fuego cruzado. Ritchie consigue una estética de época marcada, idealizada de manera superlativa, capaz de embriagar al espectador como mandan las modas imperantes. Estamos ante otra cinta de espías, con guión sencillo, que, irremediablemente, trae consigo ecos del pasado cinematográfico. Puede recordar al James Bond más canalla y gamberro, encarnado por Roger Moore, y a la impagable serie, también sesentera, “Los vengadores”, aparte del material televisivo de partida. Un cocktail de referencias agitadas con gracia que pueden tocar la fibra del público más nostálgico sin que se obvie al más actual, enganchado a la multipantalla –hay un guiño al maestro Brian de Palma-.

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La utilización de la música –atención al duelo que remite al western y al maestro Morricone- es otro de los puntazos de una obra de evasión que tropieza en alguna secuencia de acción, donde la cámara se pone nerviosa en exceso y el montaje mira para otro lado. Los gags espolvoreados en la trepidante trama engrandecen un producto de entretenimiento, consciente de su condición, que pudo verse en primicia mundial en Barcelona hace apenas dos semanas, por iniciativa de “Phenomena”, una sala abierta por el cineasta Nacho Cerdá el presente año tras una inversión millonaria que busca recuperar la magia del hecho de ir al cine como ritual y disfrutar del patio de butacas, con telón incluido, en toda su grandeza. Esta aplaudida (y nutrida) iniciativa lo consigue en su empeño, por ello cabe recalcar que merece la pena ver una película como “Operación U.N.C.L.E.” en pantalla grande, con un buen equipo de sonido arropándola, para dejarnos llevar por la gran ilusión.

(publicado en el suplemento GPS de EL CORREO)

Comics indispensables 2014

Filed under: Garabatos — el Martes, 23 de diciembre

Como cada año por estas fechas publico mi habitual artículo para el suplemento “TERRITORIOS de la Cultura” de El Correo, donde recomiendo algunos títulos dignos de leerse y/o ser regalados por Navidad. Imprescindibles, aunque no están todos los que son.

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-“LAS MENINAS”, de Santiago García y Javier Olivares (Astiberri)

“Las meninas” es la obra más esperada por los seguidores del trabajo experimental de Javier Olivares. Conocido principalmente por su labor profesional como ilustrador, bajo la piel de dibujante de cómic nos ha ofrecido propuestas excepcionales como “Cuentos de la estrella legumbre” o “La caja negra”. Con este lanzamiento, que se ha hecho de rogar, su trayectoria impecable da un impulso importante apoyándose en el guión de Santiago García, teórico del medio que ha decidido apostar hábilmente por la escritura de ficción en la última década. Ambos tejen una novela gráfica poderosa, un objeto artístico cuya base es uno de los cuadros más llamativos del Museo del Prado, “Las meninas” de Diego Velázquez, cumbre de la pintura barroca española. Es difícil contemplar de igual manera la fuerza del popular óleo tras la lectura de este cómic que explora la figura del reconocido artista que lo perpetró y sus circunstancias. Las expresivas viñetas buscan desvelar el secreto de una imagen universal.

-“BRIAN THE BRAIN: OUT OF MY BRAIN”, de M. A. Martín (Rey Lear)

Último capítulo en papel de Brian the Brain, uno de los personajes más emblemáticos de la extinta revista “El Víbora”. El niño con cabeza de cerebro, ya adolescente, finaliza sus andanzas, desarrolladas en formato novela gráfica, de la mano de su creador, M. A. Martín (“Rubber Flesh”, “Snuff 2000”), uno de los autores más personales de nuestro cómic, galardonado a nivel internacional. “Brian the Brain: Out of my Brain” es un sentido retrato de nuestro tiempo, de lo difícil que es sentirse diferente en un mundo cada día más homogéneo. Emotivo y demoledor.

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-“COWBOY HENK”, de Herr Seele y Kamagurka (Autsaider)

Autsider Comics es una de las editoriales independientes más activas de nuestro efervescente panorama editorial. Cuidan con mimo extremo sus ediciones, como bien puede comprobarse a través de este aplaudido volumen que ha cautivado a la prensa especializada. Rey de la historieta alternativa europea, “Cowboy Henk” invita al lector a dejarse llevar por el surrealismo y lo impredecible. De estética pop, sus transgresoras páginas, influenciadas claramente por la línea francobelga –con el maestro Hergé a la cabeza-, cuentan con virtudes suficientes para interesar igualmente a eruditos y profanos de las viñetas. Arte.

-“VERSUS”, de Luis Bustos (Entrecomics)

Luis Bustos, del que se reedita estos días “Endurance” (Planeta), otro título a tener en cuenta, ha dado un puñetazo en la mesa con esta esperada novela gráfica que confirma su enorme talento visual. Basándose, libremente, en el cuento “Por un bistec” de Jack London, el autor madrileño experimenta con el trazo en pos de la expresividad consiguiendo aunar texto e ilustración con mano maestra. Un boxeador en horas bajas es el protagonista de un relato crepuscular que logra tocar la fibra del lector. Ecos cinematográficos en una obra sobria en blanco y negro.

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-“EL MOMENTO DE AURORA WEST”, de David Rubín, Paul Pope y J.T. Petty (Debolsillo)

Rubín es uno de los dibujantes nacionales más atractivos del momento. Aunque la boca le puede en las redes sociales y es habitual foco de polémicas innecesarias, su creatividad sobre la hoja en blanco es evidente. Objeto de culto, “El momento de Aurora West” es su salto al mercado americano de la mano de Paul Pope (“Batman: Año Cien”), artista de renombre que ejerce de padrino y le ha ofrecido al autor gallego la posibilidad de convertir en viñetas las tropelías de uno de los personajes señeros de la su serie de éxito “Battling Boy”. Aventura y misterio.

-“RANCIOFACTS”, de Pedro Vera (¡Caramba!)

¡Caramba! es otro sello a tener en cuenta por estos pagos. Apuestan por el talento cercano, como confirma el lanzamiento de “Ranciofacts”, ideal para leer en familia. Su autor, Pedro Vera, habitual del semanario “El Jueves”, se revela como un tenaz cronista de nuestro tiempo. Disecciona y desmonta, con gracia y salero, nuestras maneras más desfasadas, frases hechas con olor a alcanfor y tópicos castizos que nos definen como especie. La península ibérica, lo cañí, lo que se ha llamado cultura “cuñao”, invita al descoyunte mandibular. El padre de “Ortega y Pacheco” sabe de lo que habla.

P-Ana Oncina -Una Navidad con Croqueta y Empanadilla -cubierta

-“UNA NAVIDAD CON CROQUETA Y EMPANADILLA”, de Ana Oncina (La Cúpula)

Una primera lectura de las peripecias de Croqueta y Empanadilla puede dar lugar a engaño. El grafismo amable e infantil de Ana Oncina choca con el retrato gris que ilustra sobre la vida en pareja de los dos icónicos protagonistas. Es uno de los fenómenos juveniles editoriales del momento. Atención al auge necesario de la visión femenina en el cómic, como también indica “Institutos” (Astiberri), novedad pergeñada por el colectivo Canículadas, formado por Carla Berrocal, Natacha Bustos, Srta. M., Mamen Moreu, Mireia Pérez, Clara Soriano y Bea Tormo.

Festivales de verano

Filed under: Music non stop,Saraos — el Sábado, 5 de julio

El pasado año escribí este texto sobre los festivales musicales en el suplemento ZARATA de MONDOSONORO, en la sección “La nota”. Lo rescato, sin cortes, al estar de plena actualidad en época estival estos eventos multitudinarios que se han convertido en macrocitas donde, a veces, lo de menos es la música. ¿Por qué no se aprovechan más las actividades paralelas?

“¡ALGO MAS QUE MUSICA!”

No es fácil para los profanos entender por qué a muchos aficionados a la música nos gusta asistir a macrofestivales, donde muchas veces nuestros grupos favoritos tocan a horas intempestivas, o demasiado pronto, bajo la luz del sol, o muy tarde, cuando los párpados pesan si no hay sustancias de por medio. Generalmente, los artistas golpean sus instrumentos menos tiempo del deseado y la cosa no suena como debiera, a no ser que estés viendo al cabeza de cartel. Si eres joven y rockero, toca dormir, es un decir, en un camping que parece Auschwitz. Aunque las cosas hayan mejorado, ducharse sigue siendo un ejercicio impredecible. Superado el tour de force, tras sortear peculiares experiencias en el filo y sobrevivir a la odisea gastro-etílica, es inevitable preguntarse por qué no queremos hacer la mili. Al final, nos gusta la fiesta, las sensaciones, el ritual colectivo, dejarse llevar… Es lo que aporta, con sus ventajas e inconvenientes, una peculiar cita que supone ser abducido durante días por una pasión irrefrenable. Para muchos, probablemente la única.

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Visitando hace unos días la estupenda exposición “This is not a love song” en Barcelona, una nutrida muestra que explora las relaciones entre música pop y videocreación –ojalá sea itinerante-, me acordé de la cuidada programación de actividades paralelas que lucía antaño en la parrilla del FIB, antes de sucumbir a la crisis que (casi) todo lo arrasa, sobre todo si huele a cultura. Benicassim era una fiesta, como diría aquel, pero, además de la lista de suculentos conciertos, lo interesante del conocido festival de verano –playa aparte- era su empeño en ofrecer muchas cosas más, como cine, teatro, fotografía, arte en general, talleres, encuentros… Por tomar un ejemplo, el concurso de cortometrajes, bien orquestado por Manuel Lechón, era de lo mejorcito en su campo a nivel estatal, con proyección internacional. Poco, o nada, de aquello queda, lo cual es una pena porque un acontecimiento de estas características, que goza además de apoyo institucional, no debe dejar pasar por alto el cruce de caminos entre disciplinas, entre medios de expresión, una manera de enriquecer la oferta y de tener entretenido al personal antes del comienzo de los conciertos, o en los tiempos muertos.

bbk

Aparte de justificar subvenciones, así de claro, una cuidada programación paralela en un macroevento musical debe aprovechar las posibilidades que brinda hoy en día la fertilización cruzada entre la música y otras artes. De esta manera, el espectáculo puede extenderse por la ciudad que lo acoge, incluso días antes. Se ha notado que en su última edición el Bilbao BBK Live ha querido abrir vías en este sentido, una maniobra loable para plantear un menú rico en matices. Falta explotar más algunos elementos que están ahí, infrautilizados, como las pantallas de proyecciones que forman parte de los escenarios, entre bolo y bolo, y muchas más opciones que no caben en las presentes líneas. Para entender mejor la reivindicación de estas palabras basta pasarse, alguna vez en la vida, por el SZIGET Festival de Budapest, un encuentro más que recomendable –obligatorio- para todo amante de los sonidos en vivo y en directo. Además de reunir a más de medio millón de personas cada año y ofrecer shows abarcando todo estilo imaginable, cuenta con una programación paralela fascinante. Por poner un ejemplo, puedes ver el mismo día a Mike Patton y a la Fura dels Baus al aire libre, elegir la comida exótica que te apetezca cenar –hay de todas las nacionalidades-, dejarte llevar por el ambiente de una carpa que solamente programa jazz, agitar la cabeza con Brujería, o subiéndote a una de las atracciones dignas de Port Aventura, y acabar la jornada en medio de un espectáculo grandilocuente de luz y sonido amenizado por un DJ incontestable. ¡Así sí! ¡Algo más que música!

¡¡¡ Scott Pilgrim mola !!!

Filed under: Celuloide — el Domingo, 21 de noviembre

Todavía estará programada en algunas salas, aunque, incomprensiblemente, se ha estrenado tarde y mal, sólo en su versión doblada, así que no sé porque algunos despistados del sector se echan las manos a la cabeza cuando el personal se baja ciertos títulos que tiene unas ganas locas de ver en pantalla grande, en condiciones (v.o., coño…), pero no hay tu tía. Me da que lo mismo va a ocurrir, al paso que vamos, con la versión de “Piraña” de Alexander Aja, por tomar otro ejemplo.

“Scott Pilgrim contra el mundo” (vaya cartelito por aquí, ¿y la frase promocional?) es de lo más divertido que he visto últimamente, con un ritmo endiablado y toques estéticos ochenteros de quitarse el sombrero, con un amor sentido a la cultura popular, con especial buen trato a los videojuegos, con guiños y referencias que tocan la fibra, visualmente hipnótica. Quizás en la parte final el filme renquea un poco, pero la sensación general está clara: estamos ante una buena adaptación de un tebeo. A lo largo de todo el pase me venían a la cabeza los recuerdos de “Parker Lewis nunca pierde”, esa mítica serie de televisión a reivindicar de principios de los años 90, que ya era rompedora en su tiempo y ahora se eleva como adelantada y visionaria. ¡Hay que verla otra vez!

Y “Piraña” -imaginan cómo la he visto, es que ya me obligan…- también mola, oigan… Empieza lenta, muy lenta, pero cuando rompe al de media hora de metraje aproximadamente, regala al aficionado al cine de terror un festival gore de humor negro desbocado absolutamente delicioso. ¡Segunda parte ya!

Para… ¿qué?

Filed under: Celuloide — el Miércoles, 9 de diciembre

No he podido apenas hablar de las películas que devoré en el pasado festival de Sitges. Rescato un texto sobre “Paranormal Activity” publicado hace unos días en el suplemento GPS de El Correo, por aquí sin cortes… De paso, rememoro “The Blair Witch Project”.

PARANORMAL ACTIVITY

Siguiendo la estela del aparente realismo de “The Blair Witch Project”, “Rec” o las más forzada “Monstruoso” se encuentra “Paranormal Activity”, uno de los últimos fenómenos inesperados de la taquilla norteamericana. El falso documental de nuevo sirve como elemento catalizador ideal para sembrar el miedo en la platea. El filme se rodó en apenas una semana, en formato digital, acorde a los tiempos, con un equipo mínimo de cinco personas. Presuntamente lo que vemos es real, con lo cual el escalofrío puede ser mayor si toca la fibra del espectador. El proyecto se paseó por numerosos estudios sin éxito alguno. Más de un productor estará en estos momentos tirándose de los pelos: ya ha recaudado más cien millones de dólares a nivel internacional y apenas costó 15.000. Cine doméstico, de ultrabajo presupuesto, que alcanza el mainstream. El mismísimo Steven Spielberg le echó el ojo al filme, ya terminado en 2007, pero hasta que no se comprobó la reacción del público en los festivales especializados nadie quiso apostar por ella.

El director Oren Peli no había filmado ni siquiera un cortometraje antes de liarse la manta a la cabeza y rodar “Paranormal Activity” manejando un presupuesto de risa. Los actores, Micah Sloat y Katie Featherston, apenas cobraron 500 dólares por su trabajo, pero ahora se alegran de haberse presentado a lo que parecía un casting casero: estos días se los disputan los mejores agentes de Hollywood. La cinta pudo verse en el reciente festival de Sitges, donde no convenció a todos por igual. Su argumento, propio de un reportaje de Iker Jiménez, puede quedarse en anécdota: una joven pareja de clase media se muda a una nueva casa en un barrio residencial. En la vivienda parece haber extrañas vibraciones que les animan a investigar posibles fenómenos sobrenaturales, grabándose hasta por la noche, mientras duermen vulnerables, con una cámara de alta definición. Las actividades paranormales se desatan, pero los protagonistas, a pesar de la perturbadora situación, deciden no mudarse y llegar al fondo del meollo. Unos valientes.

La versión de “Paranormal Activity” que llega a nuestras pantallas no es la única. Existe un primer filme con un final diferente. Sin duda, el marketing ha entrado en la vida de Oren Peli y compañía, hasta el punto de que es la primera película que se estrena en España bajo la demanda del público. Los internautas han podido pedir el estreno en su ciudad a través de internet, donde empezó a sonar el proyecto en sus inicios. Nuevamente la red sirve para llamar la atención del personal. La página web muestra un contador que ha ido marcando las peticiones a tiempo real. Si sobrepasaban las 200.000 llamadas, la película se estrenaría a nivel nacional. Evidentemente, todo estaba preparado de antemano y las salas estaban reservadas para el día del estreno. Además, la red social Facebook ha desarrollado una aplicación viral específica, donde los usuarios pueden vivir una actividad paranormal.

Como ha ocurrido en anteriores ocasiones, recordemos de nuevo “The Blair Witch Project”, el fenómeno “Paranormal Activity” se ha inflado tanto que su resultado puede resultar decepcionante. La película es predecible, de ritmo moroso y descuidada estética. No hay que quitarle el mérito de haber entrado en los primeros puestos del box office, ni su agradecida modestia, pero más de un espectador puede sentirse estafado ante el bluff del año. Una segunda parte ya está en camino.

¿REVOLUCION O MARKETING?

“Como ocurre con El proyecto de la bruja de Blair y Open Water, quería que en la película apenas hubiera sangre”, comenta Oren Peli sobre su exitosa película. “Esas son las películas de terror que me gustan; no hay que llevarlas al límite. También quería que los efectos sonoros fueran sutiles. Establecimos el ruido de fondo del dormitorio y luego metimos un ruido sordo de baja frecuencia, que es en realidad todo lo que se necesita. El hecho de que en la película haya muchas escenas completamente silenciosas obliga al público a estar callado y atento a cada detalle”. “Paranormal Activity” remite directamente a “Blair Witch Project”, para lo bueno y lo malo. Aquella cinta en la cual unos excursionistas de medio pelo se marcaban un pic-nic en medio de un oscuro bosque asentó un precedente, confirmó que el futuro de la promoción estaba en internet y amasó más de 250 millones de dólares. Sin embargo, su segunda parte fue un rotundo fracaso y sus máximos responsables, Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, han pasado prácticamente al anonimato.

La película que revolucionó el cine de terror encumbró a sus directores, pero no les aseguró el éxito de por vida. Seguramente todavía rezan a la Virgen cada mañana mientras untan de mermelada su tostada. Revuelven el café y en sus posos se les aparece la imagen de la bruja de Blair, cual túnica sagrada, con el tatuaje del símbolo del dólar en la frente. Nadie podía imaginar que una inteligente campaña comercial, apoyada en la red, paraíso de mentiras y de leyendas urbanas, iba a catapultar a la fama una obra de presupuesto ínfimo y discretos resultados artísticos. Mucho ruido y pocas nueces. “El proyecto de la bruja de Blair” perdió fuerza al llegar a nuestras pantallas, ya nos sabíamos el truco. Sin tanto exceso de información quizás podía habernos sorprendido (viéndola en video en nuestro dulce hogar con la luz apagada). Lo mejor, el inquietante plano final (arriba)…

Balls to the Wall

Filed under: Celuloide — el Domingo, 22 de febrero

Esta madrugada espero que una de las estatuillas doradas, por muy devaluadas que estén, le caiga encima al inmenso Mickey Rourke, un tipo que ya me tenía ganado, pero con “El luchador” me ha dejado loco. Nunca he comulgado con Aronofsky, ya le puse a caldo en su día AQUI, pero el otrora melifuo realizador pretendidamente moderno ahora se ha vuelto visceral. A ratos, pero visceral. Igual de empalagoso que en sus anteriores trabajos en algunos momentos dramáticos, pero con salpicaduras de sangre y una banda sonora heavy ochentera que me ha tocado la fibra. Se ha dejado de efectismos visuales con la cámara y ha ido al grano, a filmar el despliegue interpretativo de un auténtico monstruo de la gran pantalla que es el alma absoluta de un filme crepuscular que hace sudar el cerebro y golpea el corazón.

En cierto sentido, la propia andadura de Rourke se puede identificar con la singladura del decadente protagonista de “El luchador”, un tipo que soporta mejor las hostias que le dan en el ring que las que le da la vida. Se agradece que la historia se inicie cuando ya ha caído el mito, que asistamos a su fallido intento de redención, que los ecos del pasado se apaguen secuencia a secuencia y, aunque sepamos en todo momento lo que va a ocurrir, el carisma del genial Rourke nos mantenga pegados a la butaca. El cabrón se come la pantalla. Gratamente sorprendido. Más combates de los esperado, con algún momento G.G. Allin escalofriante. Suena Sweet Child O´mine, mi canción favorita de todos los tiempos en un momento cumbre, y hasta el Balls to the Wall de Accept. Algo ha cambiado en la cabeza de Aronofsky, o se la ha dirigido el propio Rourke en la sombra, que defiende un papel más que hecho a su medida, la figura del antihéroe . Cine musculado a base de Botox y silicona, como la que pasea con elegancia canalla una igualmente inconmensurable Marisa Tomei, que con la edad, que quieren que les diga, cada vez está más canina.

A la salida de la premiere del filme en Madrid me pillaron con John Tones a la salida del pase para que dijeramos unas palabras sobre la peli… Compartimos imágenes con Poli Díaz… y parecemos el Dúo Sacapuntas… Pinchen, pinchen AQUI y lo comprobarán…

Empieza el Zinemaldi…

Filed under: Celuloide,Saraos — el Jueves, 18 de septiembre

cartel_01 zinemaldi.jpgNo es fácil, nada fácil, confeccionar la Sección Oficial de un festival de cine, máxime cuando goza del peso del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. El comité de selección tiene que visionar cientos de películas en un espacio de tiempo menguante, lo que significa que hay días en los que sus miembros tienen que verse cintas desde primera hora de la mañana a bien entrada la madrugada, perdiendo muchas veces la noción de lo que están viendo ante sus ojos, con las retinas quemadas tras horas y horas de exposición a la luz de los fotogramas. Por ejemplo, si después de cinco títulos llega una propuesta de ritmo muy pausado, hay que tener mucha entereza para aguantar frente a la pantalla con el criterio impoluto. A este detalle, difícil de resolver, se une un agravante: no todo el mundo quiere que sus creaciones, sean buenas o sean malas, tengan un hueco en un escaparate tan excepcional como el que nos ocupa. Hay directores que tienen miedo a presentar sus trabajos en eventos notorios. Las malas críticas pueden hundir su estreno. Yendo más allá: aunque los realizadores estén encantados con su obra, entran en juego los productores y la distribuidora de turno. Si no se llega a un acuerdo con ellos, el certamen puede quedarse sin el filme ansiado para su programación. No nos olvidemos tampoco de que, en algunos casos, ahí está la política zascandileando.

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Son muchos escollos en el camino, muchos intereses de por medio, detalles que no se tienen en cuenta a la hora de criticar una selección de un festival en su conjunto. Tiene su razón, no hay por qué saber lo que se cuece puertas adentro de un evento, lo que realmente importa es la calidad cinematográfica. Viene esto al caso porque la 56 edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián se enfrenta a un momento crispado, en el que la prensa ha arremetido contra el reciente festival de Venecia acusándole de acoger muy mal cine. El problema no tiene por qué ser lo antepuesto en el primer párrafo: la cinematografía mundial no está regalándonos precisamente obras maestras últimamente. En uno de los peores momentos para el séptimo arte, cuando la sangría de espectadores es alarmante, el sector no responde con proyectos que enganchen al gran público, y los más cinéfilos apenas encuentran algún oasis en el desierto. No lo tienen fácil, a priori, Mikel Olaciregui y su equipo, para contentar de un modo mayúsculo a la crítica especializada, que exhibe sus garras antes que abrir los brazos en señal de amistad.

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El duro trabajo de un año, a la postre efímero, se ve reflejado en diez intensos días de cine, cuya huella queda en los papeles, para bien o para mal, y en la memoria de aquellos espectadores que van sin prejuicios a la sala oscura y recuerdan la cita festivalera si alguna película llega a tocarles la fibra.

Además la dosis de glamour es, a la hora de la verdad, el dato que marca el listón mediático y contenta al público más enfervorizado, por encima muchas veces de las virtudes de la programación cinematográfica.

Hoy empieza el Zinemaldia, un buen momento para recordar ESTE MITICO POST, que no tiene mucho que ver con la cita donostiarra, pero da pie a sacar el tema…

Apoteósico finde…

Filed under: Celuloide,Saraos — el Lunes, 21 de julio

Cuatro días intensos en el FIB 2008. Ahora vuelta al ruedo, con un calorazo de espanto en la capital. Afortunadamente, en unos días vuelvo al norte…

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La foto, cortesía de Van, resume cuatro días de fiesta total, de playa y desconexión de la realidad, que falta me hacía.

Memorable el concierto de ayer de Leonard Cohen, aunque el maestro Morente acompañado de Lagartija Nick me cautivaron, me emocionaron aún más, con su personal Manhattan, inmediatamente después. Un espectáculo brutal, un ejercicio de catarsis colectivo abrumador. De casi diez. Después el pesado de Morrissey confirmó con sus comentarios fuera de lugar entre canción y canción que es un tipo de lo más antipático, menos mal que Justice nos hizo bailar de lo lindo, descoyuntándonos, casi a la par. Vive la Fette cerraron el festival con el famoso palomitas de maíz, y uno no sabía si reír o llorar, de pena porque se acaba la gran fiesta, o porque finalizar el megasarao con semejante ritmillo… sic!

Destacar de los anteriores días del festival la atmósfera creada por Sigur Ros en el clímax de su show y el muro sonoro revientatímpanos de My Bloody Valentine, que saben muy bien lo que hacen. Pero la sorpresa, la gran sorpresa, fue Roisin Murphy. Qué manera de quedarse con la peña, con una agresividad inusual sobre el escenario, y esos aires de diva bolinga extasiada. Al que esto escribe le hizo moverse como un poseso. También bailé como un maldito con Hot Chip, y John Acquaviva nos mantuvo de empalmada hasta el amanecer. Y no se me olvidan los guitarreos de The Racounteurs, el poderío vocal de Gnarls Barkley, y…

Iré colgando más estampas en el ego-flog

Me voy al Fib…

Filed under: Music non stop,Saraos — el Miércoles, 16 de julio

Con oreja Fib.jpg¿Se marcarán un dueto Leonard Cohen y Morente?

¿Resistiré bailando con Justice?

¿Hará otra vez pira Morrissey?

¿Me atreveré a hacer el robot cual poseso noche tras noche?

¿Descansaré de este blog?

Pásenlo bien, sean felices, coman perdices.

Tarantino, ese gran DJ

Filed under: Celuloide — el Viernes, 31 de agosto

Death_Proof_2.jpg“Cuando la gente me pregunta si he ido a una escuela de cine, les respondo: he ido al cine”. Y no hay mejor escuela. La frase es de Quentin Tarantino, cinéfago impenitente, amante del cine de evasión y reflexión, un sujeto de mente inquieta y acelerada capaz de saborear por igual una película de Godard y una cinta infame de artes marciales. Esta capacidad de disfrute a lo grande, de exprimir todas las posibilidades del celuloide, lo convierten en uno de los realizadores más honestos, libres e interesantes del momento, dentro de los márgenes del negocio hollywoodense. El responsable de Reservoir Dogs, esa magna opera prima que marcó el cine de los noventa, bebe los vientos por el arte cinematográfico. Ama el cine por encima de todas las cosas, como entretenimiento mayúsculo, como ritual máximo, como ejercicio de catarsis ideal, como herramienta de agitación masiva, como juguete impredecible… El proyecto Grindhouse, desmembrado por estos pagos, es un acto de fe, una muestra de amor a un tipo de cine que hizo su juventud más llevadera y ha convertido su filosofía de vida en un parque de atracciones.

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Death Proof, el fragmento firmado por Tarantino perteneciente al doble programa de sesión golfa Grindhouse, no es una pieza para todos los gustos. Incapaz de dejar indiferente, el máximo artífice de la rompedora Pulp Fiction ha rodado lo que le ha apetecido realmente, con absoluta libertad creativa, incluso caprichosa, una posibilidad harto complicada en los tiempos que corren. Ha filmado, sin miramientos, aquello que le gustaría ver como público, porque él, ante todo, es público, un detalle que muchos cineastas de hoy en día olvidan cada mañana sobre la almohada. El muy truhán vuelve a coronarse como rey del mestizaje audiovisual, se pasa por el forro los convencionalismos del cine comercial actual, el modo de representación habitual, el planteamiento, el nudo, el desenlace… Ha vuelto ha ejercer de ingenioso DJ, cogiendo de aquí y de allá para crear un producto nuevo con su personal estilo. Ofrece al espectador un mosaico de clichés resucitados bien ensamblado, con las puertas abiertas a la sorpresa y el desconcierto.

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Un especialista cinematográfico se excita chocando contra sus víctimas, tiernas féminas que recluta en bares de carretera de Texas, a bordo de su automóvil, un Chevy Nova de 1970, convenientemente preparado para golpearse contra todo lo imaginable sin apenas abollarse. Esta es la premisa de partida de lo que apunta a ser un slasher (película de asesinatos en serie), que luego no lo es… ni mucho menos. Las tropelías sanguinarias del inefable psicópata encarnado con hipnótico carisma por Kurt Russell es lo de menos en Death Proof, un homenaje sentido a un género que toca la fibra al archiconocido director americano, enfundado esta vez en el papel de un enloquecido pinchadiscos. Sobre los platos: el cine de Russ Meyer, las películas de épicos psychokillers, persecuciones a todo gas, terror de pipas, los diálogos chispeantes marca de la casa, la cotidianeidad delirante, personajes excéntricos… y chicas neumáticas (Mary Elizabeth Winstead, Rosario Dawson, Vanessa Ferlito, Zoë Bell, Sydney Tamiia Poitier…). Tarantino se recrea en la sensualidad morbosa de sus actrices, recalca su fetichismo por los pies, estampa su sello en secuencias memorables, coreográficas, con destellos de violencia apabullante, menos presente de lo que se anuncia. Se explaya a fondo con sinuosa soltura, con capacidad de impacto, de absorción retinal e hipnosis colectiva.

Con el pase de Death Proof, visualmente embriagadora, dos películas en una según su desvergonzada estructura, disfrutarán especialmente los aficionados a buscar referencias cinéfilas de baja estofa. Tarantino vuelve a demostrar que todavía hay autores osados que se toman muy en serio las películas poco serias y predican el sano espíritu de levantar aquellas obras que les pide el cuerpo, por muy absurdas que pudieran parecer a simple vista. Chapeau.

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***Texto publicado hoy en EL CORREO, aquí íntegro…

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