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Fondue de viñetas

Filed under: Garabatos,Saraos — el Martes, 22 de mayo

A toro pasado, cuando mis múltiples quehaceres –que duren- me lo han permitido, escribo sobre mis apreciaciones acerca del último Salón Internacional del Cómic de Barcelona, una cita otrora indispensable que este año ha despertado más filias que fobias. El amigo Santiago García, tan elocuente como siempre, expuso muy bien AQUÍ lo que muchos pensamos desde hace tiempo. Por mi parte voy a intentar aportar algo más a lo ya trillado en la blogosfera en las últimas semanas, sin pecar de cansino (o sí). Mis disculpas por el retraso.

Vaya por delante que puedo presumir, ¡qué coño!, de conocer este tipo eventos desde ambos lados de la barrera, como organizador –a menor escala- y consumidor, como autor y juntaletras. Es imposible, por tanto, que no aparezca en escena mi deformación profesional cuando asisto a este tipo de actos. Saraos que todavía venero, porque es necesario, más que nunca, visto lo herida que está la cultura, pero no hay que dejar pasar, por mucho que sintamos pasión por algo, que todo ha de evolucionar, acorde a los tiempos que corren, sin perder su espíritu. En el caso que no ocupa me atrevo a decir que están cargando las tintas en aquello que, precisamente, está alejando al aficionado a las viñetas de su referente anual en la piel de toro. Palos de ciego. Riesgo real ninguno. Movimientos que no dan pie a encontrar un público nuevo y no se fideliza el existente. No hay signos de reinvención respondiendo a la demanda social, más bien cierran filas en su deseo de “quedarme como estoy”, que nadie toque mi economía. Ven a consumir, entra y sal por la puerta, y me quedo tan contento.

Los que llevamos años asistiendo al Saló sabemos que las cifras que dan, el mismo domingo a través de una nota de prensa, cuando sospechosamente todavía quedan horas para que se cierren las puertas, están escandalosamente infladas, son ridículas. No tienen sentido, viendo in situ cómo bajan las ventas en muchos stands años tras año –no entremos en los rumores sobre la existencia de privilegios a la hora de encontrar situación en el mapa para vender mejor o peor el producto- y hay unas calvas sonadas en los pasillos, sobre todo en los primeros días del festival. Nada que ver con las fotos de la Comic-Con de San Diego, a la que se quiere el Saló parecer, con todo el derecho del mundo, pues Ficómic es una empresa privada, como bien se ha dicho, y los números los saben manejar, pudiendo hacer lo que les dé la real gana. No voy a hurgar más en la herida de las cifras, cantan por si solas, otra cosa es que nos quieran vender lo que no es. Por ahí no tenemos por qué tragar sin más, como si no pasara nada, porque el ejercicio de la crítica constructiva hay que defenderlo más que nunca en los tiempos en los que la autocrítica brilla por su ausencia.

Está claro que Barcelona es una ciudad muy grande, no es Angoulême, luego es difícil montar algo similar en la ciudad condal, como algunos han pedido. Tiene más sentido en otras localidades más manejables (era el proyecto inicial en Getxo, por ejemplo, olvidado por recortes asesinos, con lo cual actualmente tampoco es un modelo a seguir, me flagelo). Al Saló podemos pedirle, pero no exigirle. Expuesto queda el deseo de que mantenga, por lo menos, su condición de cita anual para el sector. Ese referente que parece que hemos perdido porque nos sentimos intrusos en lo que debería ser nuestra casa. En general, antaño había una sensación de fiesta, de celebración, que ahora no se aprecia en absoluto. Los propios stands son tenderetes o supermercados puros y duros, algunos cerrados, hay que entrar para comprar, cuando antes se curraban decoraciones divertidas que daban mucha vida al entorno e invitaban al público a unirse al acontecimiento. Quizás los excesivos precios de los alquileres de casetas han matado lo que se debería fomentar. Para sacarme fotos delante del poster de algún blockbuster no me molesto en salir de casa.

Las exposiciones, por empezar por algo atendiendo verdaderamente al contenido del festejo, no son lo que eran. Predomina la cantidad antes que la calidad, en un caos absurdo. Cuando digo calidad no me refiero al material expuesto, pienso en cómo están montadas, sin gracia ni cariño. Echo de menos esas muestras trabajadas, con su puesta en escena, su dirección de arte, su mimo y capacidad de atracción. Esos originales colocados con gusto en un espacio trabajado que te aislaba del resto del recinto. Ahora tienes que ver las planchas con una cacofonía insufrible de acompañamiento y todo tipo de estímulos a evitar cuando uno quiere concentrarse y dejarse llevar por aquello que le fascina.

¿Qué hay de la zona de fanzines? Esos apestados colocados en donde no molestan, ¿por si dan mala imagen? Stands situados en forma de U, cerraditos, a espaldas del resto del evento, cerca de la salida. Con la vida que dan. Con lo que se cuece ahí. En otros tiempos estaban pizpiretos en el centro, en el meollo, se notaba la energía, abiertos al público y no marginados, como este año la exposición de David Sánchez, al final del todo, otro ejemplo. Si fuese un festival de música al aire libre ahí es donde íbamos a miccionar todos, ¿no? Y hablando de eventos con conciertos, que se relacione directamente –desde la rueda de prensa de presentación, tirón de orejas para el departamento de comunicación- al Saló con Rock in Río, un invento sacaperras en franca decadencia, como bien apunta su cartel de este año (han tenido que reducir días a última hora), que poco o nada tiene que ver con la historieta, dice bastante del perdido criterio de los responsables del cacao que nos ocupa, un equipo que sabe hacer muy bien ciertas cosas –por mi parte soy el primero que aplaudo la logística y demás-, pero para otras parece que no tienen los pies puestos en la realidad. Lo de los conciertos programados sin más, tampoco hay quién lo entienda. Lo suyo es gestionarlo de otra manera, como la entrega de premios, acto que prefiero obviar por rancio y carente de emoción, adjetivos extensibles a toda la gama de actividades que nos brinda el Saló, donde la sociabilidad no es lo suyo.

Estoy harto de oír que la gente del cómic somos protestones, criticones y poco agradecidos. Me muevo en otros mundillos, por suerte o por desgracia, y es el menos infame en este sentido. Poco bramamos, por eso sorprenden más nuestras quejas. Si hablamos de cine, por ejemplo, todo el mundo es consciente de que tal o cual festival está organizado de aquella manera. No es fácil poder controlar mastodontes así, al margen de la inoperatividad humana reinante, pero como el personal se lo pasa bien y va a lo que va, cumpliendo objetivos, las sonrisas sobresalen por encima del mal rollo. Es difícil que en algo así salga todo bien. En realidad, imposible. La perfección es una ilusión, pero si el sentimiento general fuese que el cómic se promociona sin traicionar su esencia y abundase la diversión para todos los públicos otro gallo cantaría.

Está claro es que este modelo de Salón está caduco para ciertos intereses. Pagar por entrar a un sitio a comprar no es de recibo. Máxime cuando ahora podemos encontrar aquello que buscamos por internet si vivimos en el quinto pino. Lo de la fondue de chocolate y las tiendas de chucherías es lo de menos. Si el resto nos convenciera nos parecería estupendo, un toque de color. El problema es que no estamos a gusto en un acto que, supuestamente nos representa. Queremos salir del gueto en el que ha estado el cómic durante muchos años, pero vamos a nuestra cita anual favorita y salimos de la feria con la sensación de que seguimos hundidos en una ciénaga donde parece que no nos queda otra que convivir con el frikismo galopante. Algo que, repito, nos la refanfinflaría, nos gustaría, nos regodearíamos, si existiese un equilibrio. Hay una escena del cómic que está empresarialmente ligada a la industria del videojuego y el cine, hay una legítima sinergia entre sus contenidos y sus públicos, pero se pueden hacer las cosas de otra manera. Simplemente con elegancia. Eclectiscismo sí, cajón de sastre no. No tiene sentido intentar competir con Port Aventura.

Los otakus, por cierto, son como langostas. Llegan, lucen sus hábitos, la gozan tocándose entre ellos, pero no se integran. No compran apenas. Antes les defendía en este tipo de eventos, pero ya me he cansado. Sí. Y sigo leyendo manga más que muchos de ellos. Comprado, no descargado. Pero el 80%, o más, no saben que existimos, que hay otros mundos que están ahí. No es despecho, es pedir un mínimo de inquietud hacia lo que tienes alrededor. No evolucionan. Suelto este exabrupto porque las piezas que reflejan en los telediarios lo que somos están casi exclusivamente protagonizadas por tipos disfrazados sin discurso y una parafernalia desfasada que hace poco favor al negocio (sí, al negocio). Cuando sale en los telediarios alguna noticia de la Feria del Libro de turno, es otra cosa, por poner un ejemplo en la línea. Colas de gente firmando, charlas, entrevistas a verdaderos protagonistas. Hay respeto. Aquí la piedra hay que lanzársela a los medios, ¿eh?, al resto una pedorreta.

Puedo seguir largando como un poseso, pero mejor dejo algo para los posibles comentarios (si hay debate a estas alturas). Concluyendo, ya sabemos que necesitamos otro acto centrado en las viñetas que nos represente, donde la parte cultural sea lo importante, pero no tiene que ser una mutación del Saló. Deberían convivir varias citas, cada una con su personalidad, sinceras, que no engañen a su público potencial, y tan campantes. El que quiera y pueda ir a todas, mejor para él. La respuesta va a llegar en los próximos meses, estoy seguro, viendo el clamor popular. Al fin y al cabo queremos una excusa para juntarnos y sentirnos cómodos. Nada más. No es mucho pedir. Personalmente, odio que el éxito de una evento se mida en número de visitantes que han pasado por taquilla, número de exposiciones acumuladas, número de invitados, número de… En oferta en número siempre ganará El Corte Inglés.

6 comentarios »

Comment by Ben Hanscom

El penúltimo párrafo sencillamente me ha hecho feliz.

Andaba por Barcelona el mismo finde del pasado Salón del Cómic y fui a darme un voltio. Mi visita duró apenas una hora y salí de allí terriblemente saturado y embotado(parece mentira, años atrás llegué a aguantar con bastante dignidad los 4 días en un stand).

Y luego las sensaciones: exposiciones infravaloradas (a su ubicación me remito), pérdida total de horizontalidad entre aficionados y autores, la concienzuda marginación de los fanzines… Si lo único que te queda es comprar, creo que nos lo podemos montar mejor.

Dan poquitas ganas de volver.

Por cierto, muy buen artículo.

mayo 22, 2012 @ 2:02 pm

Comment by infraser

¡Gracias!

mayo 22, 2012 @ 3:10 pm

Comment by Roberto

Siendo que en los últimos años es cuando he empezado a ir en serio (o sea, seguidamente) al Salón, no he notado una diferencia tan radical en lo de este año frente a otros, exceptuando los carteles promocionales.

Entiendo que los conciertos y las actividades lúdico-festivas relacionadas con películas de majors pueden atraer al público menos aficionado y en ocasiones pueden hasta entretener al aficionado. Cierto es que quizá hay demasiadas y en algún caso de filmes que ni siquiera tienen relación con los tebeos americanos, no digamos ya españoles, pero también , quizá, sí todo fuera sólo tebeos la historia quedaría un poco sosa. Reconozco que por interesantes que sean las exposiciones de originales no es algo que te genere tanto entretetenimiento durante varios días a menos que seas del tipo analítico y vayas allí como un entendido que va a un museo. Estoy de acuerdo, de todos modos, en que generan más ganas de verse cuando están montadas con mimo y en espacios decorados a tal efecto y/o en cierto modo aislados del ruido general. En este caso había una exposición muy grande de páginas de cómic en el tema de la robótica, pero quizá distraían más los robots, que si estuviera todo junto, integrado.

Totalmente de acuerdo con respecto al tema de los fanzines y quizá en lo de los otakus. También con respecto a la entrega de premios y de acuerdo con el blog de Santiago García en que debería haber más espacios para sentarse gratis.

Principalmente yo acabo físicamente cansado en el Salón más que excesivamente molesto porque el cómic no estuviera representado pero sí, tal vez sería posible que actividades y charlas de interés para el aficionado tuvieran más presencia en diferentes lugares del salón (algo de eso hubo otros años, con talleres en los que autores explicaban cómo hacían sus cosas o tertulias en otros espacios diferentes al salón principal, hasta donde yo sé este año no hubo cosas de este tipo).

También estoy de acuerdo con el comentario de José Tomas en el blog de Santiago en que el Saló refleja un poco lo mismo que se ve en las cifras de ventas, las editoriales o en las tiendas (no especializadas), los fanzines escondidos,escasa o regular atención a los aspirantes a autores o más presencia de un cómic extranjero que vende frente a uno español…aunque esto último puede haber cambiado un poco últimamente. Pero sí, es posible que al menos desde la cita anual del cómic se intente difundir otra cosa y es cierto que últimamente a nivel de difusión/mediático e incluso imagino que de ventas se ha mejorado bastante en el último aspecto, el del reconocimiento “social” de la calidad de cómics y autores españoles. Los otros temas, supongo, sería mucho pedir (y en el caso de los fanzines es un poco lo que les caracteriza para bien o para mal , el estar fuera del “sistema”).

mayo 22, 2012 @ 5:58 pm

Comment by El GuiBo

Hola Caballero,
¿qué día te va bien quedar y hablamos?
un saludo: UN!O

mayo 22, 2012 @ 7:18 pm

Comment by Roberto

Tras soltar toda esta chapa poco ordenada voy a sacar un par de conclusiones.

Es posible otro modelo de Salón que quizá sería más tranquilo, informativo y satisfactorio para los autores pero quizá menos abierto, lúdico y comercial. Pienso que esas actividades existen y se hacen en otras fechas y lugares, algunas se mencionan en el blog de Santiago García: jornadas de Avilés, setcomic, etcétera. Seguramente esto no es lo que debería ser el Salón de Barcelona ni tampoco creo que exista la necesidad imperiosa de crearlo (porque existen ciertas ofertas en ese sentido).

En segundo lugar parece que la discusión surge no tanto por la escasez o mala calidad de la oferta, sino más bien por la sobredosis de la misma, la forma de presentarla y el dedicar esfuerzos en el camino equivocado. El problema no es que no haya exposiciones o que estas sean de mala calidad, sino que están escondidas. El problema no es que no haya autores españoles firmando, sino que no se anuncia. No es que haya robots sino que eso es lo que sale en los medios.

De modo que a lo mejor resulta que sólo se trata de recuperar algunas cosas que en años pasados estaban bien y en cambiar la presentación y promoción de determinadas cosas que siguen estando pero a las que no se hace publicidad. Eso y tal vez añadir-o insisto, recuperar- alguna actividad que de más presencia al cómic español (o extranjero, en el caso de que los autores de fuera estén presentes y puedan aportar en tertulias o masterclasses más o menos interesantes para el visitante). Y aquí hago un inciso en que , como he dicho, el Salón no me pareció muy distinto del de los dos años anteriores pero quizá sí hay más cambios si comparo con las primeras veces que fui, muy especialmente con respecto a la zona de fanzines, como apuntas en el texto.

Un cambio a lo mejor más sutil y más factible de lo que parece (digo yo, que nunca me he metido en un fregao de organizar nada) , antes que una reformulación radical.

mayo 22, 2012 @ 7:47 pm

Comment by infraser

Muy despiertos tus apuntes, ROBERTO, no tiene que reformularse, más bien recuperar su espíritu, equilibrar las cosas, apostar más por una buena comunicación y orden. Otro tipo de evento, más cultural, lo que se reclama, es otra cosa, y deberían poder convivir ambos modelos sin problemas. Bercelona ha perdido vida social, algo que se puede arreglar con un criterio más afortunado y trabajado. A la hora de hacer una tortilla de patatas con los mismos ingredientes, salen diferentes según la pericia del cocinero.

mayo 23, 2012 @ 10:52 am

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