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Señor moderador

Filed under: Palabrería mística — el Miércoles, 15 de febrero

No hay mes en el cual no me toque, afortunadamente, moderar o participar en alguna presentación o mesa redonda, generalmente sobre cómic, cine, o las dos cosas, mis grandes pasiones. Llevo tantas charlas a mis espaldas que suelo acudir a más de una solamente con un lápiz de Ikea -o similar- en el bolsillo y un cuadernillo de mano –o papelillos arrugados- donde apunto antes del acto algunas ideas a debatir. No soy de prevenir la historia en exceso ni desarrollo toneladas de preguntas a priori. Creo que una preparación puntillosa mata la naturalidad. La improvisación es importante para crear un diálogo divertido, dinámico e interactivo. Más de un ponente, que no me conoce en persona con anterioridad, se ha asustado (un poco) al ver que no llevo kilos de folios debajo del brazo cuando llego a la convocatoria. Evidentemente, no es lo mismo conversar con un solo interlocutor sobre su obra, grande o pequeña, que intercambiar palabras con varias personas en base a un tema amplio. Como son ya unos cuantos los que me han pedido consejo sobre cómo moderar aquí o allá, escribo a continuación algunas ideas que defiendo sobre cómo llevar bien un fértil diálogo en público, sin ánimo de sentar cátedra. Aprovecho la coyuntura para agradecer su complicidad a todos aquellos autores con los que he compartido buenos momentos en este tipo de actividades. Citas indispensables para entender mejor el trabajo de muchos artistas, críticos o pensadores y su filosofía de vida.

-Recomiendo sintetizar en la presentación del autor o ponentes, que sean unas palabras directas y agradables, sin pasarse de alabar al contertulio. El ombliguismo y “chupapollismo” nunca son buenos. Hay que controlar los niveles de ambos pecados, todo un arte, con la humildad por bandera.

-Ante todo, modestia. El moderador nunca debe estar por encima de sus compañeros de mesa. No debe adquirir protagonismo, a no ser que sea un presentador activo, detalle fijado de antemano. Veo oportuno, por ejemplo, sentarse a un lado cuando hay varios ponentes. No ser el centro de atención, especialmente cuando se conversa con algún autor de trayectoria algo desconocida. Siempre ha de sentirse cómodo. Que se respire respeto.

-Dar pie a cierta improvisación. No llevar demasiado preparado, buscar la naturalidad… Conviene tener material por si las moscas, sin obsesionarse por ejecutar todas las cuestiones esbozadas a priori. En definitiva, llevar algunos apuntes sin pasarse. Más valen unas líneas contundentes, afinadas, que un tropel de preguntas sin ton ni son dispuestas a ser escupidas, nerviosas en la casilla de salida.

-Escuchar. Muy importante. Parece una tontería, pero el moderador debe estar continuamente imbuido en el diálogo, a dos o varias bandas. A veces nos olvidamos de lo que nos están contando en el momento, no prestamos atención, porque estamos pensando en la siguiente pregunta, escrita en el papel, o mirando a las musarañas. Escuchando bien se pueden realizar cuestiones oportunas sobre la marcha, seguir una conversación fluida. Se nota.

-Hay que dejar hablar, no interrumpir sin razón. Personalmente odio al maestro de ceremonias encantado de serlo que se escucha más a sí mismo y corta al entrevistado porque sí, porque quiere hablar él. La gente no va a oír al moderador.

-Buscar los momentos adecuados para cambiar de tema, sin dar la sensación de que uno se va por las ramas. A veces hay que hacer un inciso, pausar o parar la conversación, para ir por otros derroteros, igualmente interesantes, o más, respecto a lo que se está diciendo, antes de que se acabe el tiempo. Encontrar el instante oportuno para hacerlo bien es esencial.

-Las preguntas no deben ser más largas que la posible respuesta. No debe dar pie a una respuesta monosilábica. La pregunta no debe llevar ya la respuesta.

-Abrir el turno de preguntas en el momento adecuado. Por si no funciona y nadie entre el público se anima a intervenir, hay que estar preparado previamente, mentalmente, para seguir con la mesa. Cartas en la manga.

-Precisamente crear un ambiente de confianza con el entrevistado, entre éste y el público, es vital para que los asistentes al acto hagan preguntas. Personalmente creo que tiene que haber algo de humor,  preciso, sin excesos… Crear una buena atmósfera.

-No dejar pausas, tensión, drama… Hay que estar al quite, los silencios incomodan.

-El ritmo es muy importante, la conversación no tiene que ser excesivamente larga, a no ser que haya varios ponentes encendidos y la cosa funcione. Turnos de preguntas, no más de dos por lo general. Y acabar con una o dos preguntas propias después, a ser posible que puedan resumir lo dicho, que la respuesta final pueda ser un buen colofón.

-Apoyarse con material audiovisual siempre viene bien para una charla, sobre todo si es didáctica, pero no debe ser algo indispensable, no debe ser la columna vertebral.

-El tema no debe amedrentar a ningún moderador. Hay que ser capaz de moderar cualquier cosa para estar cómodo. Fuera nervios, hablar en público, bien o mal, no está penado por la ley. Los nervios se llevan por dentro.

-A ser posible, no sentarse pronto en la mesa y estar parado esperando a que llegue más gente. Lo suyo es empezar un pelín tarde si es necesario o sentarse y empezar de la misma.

-Por supuesto, estas líneas no van a misa, y siempre hay excepciones.

(Texto publicado anteriormente en LAS HORAS PERDIDAS)

1 comentario »

Comment by Angel

Genial Borja. Grandes consejos!!!!!

febrero 15, 2012 @ 9:11 pm

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