diario no diariotextos y garabatosfrikodownloadscontacto con tactoborjacrespo.comcunia
cine comic y otras hierbas

¡¡¡ Nuevo curso !!!

Filed under: Autobombo,Celuloide — el Miércoles, 24 de abril

Todo lo que siempre quisiste saber sobre los entresijos del medio audiovisual y nunca te atreviste a preguntar. Coordino un seminario de master-classes que promete lo suyo, con ponentes deluxe como Koldo Serra, Fernando Velázquez, Rubén Ontiveros y Gorka Vázquez. Hay información completa AQUI. Los asistentes al curso podrán aprender de las experiencias personales de cada invitado, especializados en diferentes temas relacionados con la imagen en movimiento, sea cine, televisión o internet. Una buena oportunidad para conocer su realidad actual. ¡Ahí estaré, a mediados de junio en Bilbao!

Cartel Curso Cine 2013 BLOG

Nace GRAF

Filed under: Garabatos,Saraos — el Jueves, 7 de marzo

GRAF 2013Cómic de autor y edición independiente.

El cómic está presente a diario en nuestras vidas. Su lenguaje e iconografía campa a sus anchas en el ámbito de la publicidad, el diseño, el cine, la televisión o Internet. Vivimos un interesante auge de iniciativas independientes en el ámbito editorial. Una cantidad apreciable de artistas nacionales han entrado en el mercado por una vía alternativa que busca cubrir un importante hueco en el actual panorama de nuestra historieta. Cada vez son más los dibujantes que se autoeditan sus trabajos en formatos de toda índole y no deja de haber colectivos que se decantan por el fanzine en papel para dar a conocer sus ideas, al margen de la presencia en la red. Ilustradores e historietistas entienden directamente su obra como arte y así las ofrecen al público, con ediciones mimadas al máximo. Aumentan las editoriales autogestionadas y se han consolidado propuestas diferentes que gozan de buena presencia en los canales habituales de distribución, sin abandonar el espíritu de cómic de autor y la filosofía independiente.

Print

Resulta vital la existencia de un punto de encuentro en forma de evento puntual que recoja la actual efervescencia de la edición independiente, revelando una personalidad propia. GRAF nace del aumento de propuestas independientes en el mercado del cómic y la ilustración que no se ven reflejadas, o quieren diferenciarse, de festivales en torno a la historieta ya existentes. Es el nuevo cómic de autor, influenciado por la explosión de las pequeñas iniciativas que triunfan en otros escenarios donde mirarse, en países como EE.UU, Francia o Inglaterra, donde el underground no deja de alimentarse. Propuestas que rompen formatos, abrazan el micromecenago (el extendido anglicismo crowdfunding), idean maneras innovadoras a la hora de darse a conocer y no les importa cuidar el producto al máximo en tiradas pequeñas. Ediciones medidas, personales y valientes, que permiten la difusión de trabajos arriesgados y originales. Una tendencia que apuesta por Internet para llegar a más gente, apoyándose en las redes sociales para la promoción de los dibujantes.

Esta maquinaria subterránea imparable está aportando nuevos sellos de interés a nuestro panorama editorial, empresas que presentan talentos de nuevo cuño. Cada uno con su política de edición, van juntos de la mano en coediciones puntuales y arriman el hombro cuando hay que batallar contra la distribución, la insuficiente atención mediática o la falta de recursos.

GRAF, como su propio nombre indica, pretende acoger a editoriales e iniciativas independientes alrededor del cómic, no ciñéndose únicamente a las viñetas, también a todo lo que suponga adentrarse en el lenguaje del dibujo y el grafismo, las artes visuales en definitiva.

Master-class videoclipera

Filed under: Autobombo,Celuloide,Music non stop — el Sábado, 9 de febrero

Cómo liberar estrés, no rendirte al alcohol y dejar de fumar realizando videoclips, entre otras zarandajas, en una master-class impartida por el menda lerenda para expandir el espíritu y liberar el alma… Más info AQUI.

¡¡¡ Mambo !!!

Filed under: Celuloide — el Martes, 16 de octubre

Mis amantísimos alumnos del curso de verano universitario perpetraron este corto pintón en una tarde. No les dejé más tiempo. Soy así de tirano, como deja bien claro la cabecera de tan entrañable pieza. Aprendí de ellos, con ellos, y espero que ellos también conmigo. Ojalá volvamos a vernos en 2013.

Imagen de previsualización de YouTube

Superpussies !!!

Filed under: Autobombo — el Jueves, 20 de septiembre

Cuando se cumple una década del rodaje de SNUFF 2000, adaptación del álbum homónimo del dibujante M.A. Martín, dirigido por el menda lerenda, hemos pergeñado una nueva colaboración conjunta, SUPERPUSSIES, una obra de microteatro  interpretada por Bárbara Santa-Cruz y Sabrina Praga. Ambas encarnan a Bunny y Pussycat, personajes basados en la serie de tiras de cómic “Fallen Angels” del propio Martín, autor del libreto. Dos mujeres jóvenes, con aspecto de modernas aburguesadas, comparten piso. Son Pussycat y Bunny. Una de ellas se dispone a ver algún video en el ordenador. Hablan de sus cosas y de lo que ven en la pantalla: de cine, de hombres… y psicópatas…

SUPERPUSSIES se estrena en Microteatro por dinero, dentro de las actividades programadas por el canal especializado Calle 13 (Universal) con motivo de su 13º aniversario.

Horario: Sesión Golfa / Miércoles y Jueves / 19, 20, 26 y 27 de Septiembre. /Cuatro funciones diarias a partir de las 23:30 h. / Precio: 4 € por función.

Exito para perdedores

Filed under: Garabatos — el Miércoles, 5 de septiembre

Esta vuelta al cole en el INFRAblog va de textos sobre la obra de gente cercana. Va aquí el prólogo que hice para la edición de EXITO PARA PERDEDORES, pergeñado al alimón por Juan Díaz-Faes y David Cantolla con el sello de Astiberri. Aproveché la coyuntura para hablar de mi experiencia en los años 90, como retrata en parte la propia novela gráfica. Me despaché a gusto estás líneas, con emoción, humor y devoción.

“DOS CRACKS EN LO SUYO”

Me encanta la gente inquieta. Seres de una rara especie en extinción. Me gusta tenerlos alrededor. Individuos que no paran de darle vueltas al coco y obran en consecuencia. Disfrutan haciendo cosas sin parar, apasionados en lo suyo. Crean otros mundos que alegran éste, se mueven, agitan conciencias, nos zarandean. Sea por amor al arte o satisfacción personal, para ganarse las lentejas o alimentar el alma. Todo junto es lo ideal, labrándose una carrera profesional envidiable, ¡en pie de guerra!, aprovechando al máximo el tiempo, ocio incluido, para crecer y evolucionar. Me agrada sobremanera que se crucen en mi existencia. Que haya sincronías. Que surjan sinergias. Siento que a veces, consciente o inconscientemente, actúo de elemento catalizador de este tipo de personas, más difíciles de encontrar de lo que parece. Nombres que no actúan dándolo todo en lo suyo únicamente bajo los efectos de un egotrip, sin nada que contar realmente. Le dan al lápiz, el ordenador o la sartén, con corazón y cabeza. Cabeza y corazón. Y modestia, mucha modestia. Los junto, nos juntamos, reímos, curramos, me cuentan, les cuento, les observo, paso envidia sana, me regodeo…

Erase una vez un individuo de aspecto afable, un duende risueño, pizpireto, que se cruzó en mi camino con sus patillas de hacha, revelándose como un excelente operador de cámara en un rodaje apresurado de un videoclip –como todos- allá por el 2010 (a la vuelta de la esquina). El tipo en cuestión, modesto a rabiar, conectó conmigo de inmediato por su condición de asturiano. Aparte, le gustaban los tebeos. Es más, los dibujaba. ¡Los dibuja! Y no lo hace mal. Nada mal. Pero no es su única virtud, amigo lector (¿también en extinción?). Hasta conocer a Juan Díaz-Faes creía que yo, ¡yo!, era “el hombre en España que lo hace todo”, como la canción de Astrud, pero no, ese título no me corresponde. Para nada. Lo gana día a día este currante nato, creador a destajo, que lo mismo ilustra una revista de una compañía aérea recomendando qué hacer en alguna ciudad perdida que dirige un documental de surf original a rabiar, o se curra un ágape que te obliga a replantearte ser creyente. Porque, además de darle al lápiz y a la tecnología audiovisual, Juan cocina como nadie, hace deporte como un jabato -tiene trofeos de natación, juega bien al parchís-, cuenta chistes en las presentaciones (por eso le fichamos, en realidad, para el segundo volumen de “Cortocuentos”), rasca la guitarra… No me dan los dedos para enumerar las buenas acciones de este entrañable compañero de fatigas que, probablemente, se sonroja en grado supino cuando lee estas líneas.

Juan es magia.

A David Cantolla lo conozco menos, apenas un puñado de reuniones en el Oskar, cafetería madrileña en Santo Domingo que ya se ha convertido en mi segunda oficina (la de fauna que se pasa por ahí, ríase usted de la Factory de Warhol). El entusiasmo nos unió enseguida. Conexión. Más complicada de lo que parece en este mundo hiperconectado. El proyecto que tienes entre manos, nunca suficientemente apreciado lector, narra con gracejo y conocimiento de causa parte de sus intensas vivencias. Cuenta mucho del ser humano, de cómo somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, ¡cómo despertar! Tuve la suerte, enorme vista con el tiempo, de vivir en mis propias carnes el boom de las .com, las tiendas virtuales, los canales especializados… Allá en los años 90, aquello era una fiesta. La otra cara está en estas páginas (y más, mucho más…). David vivió esa época de una manera diferente, pero, hablando de ella al unísono, con sus más y sus menos, reímos en alto. Y no lloramos. En absoluto. Ambos, interconectados en el espacio-tiempo, disfrazados cada uno de un palo, aprendimos mucho en esos días de locura empresarial, de nuevas tendencias ahora pasadas, de aceleración… David ha sabido luchar ante la adversidad, aprovechar al máximo los recursos, el momento, el instante… Estar ahí y no mirar para otro lado. El noble ejercicio de levantar proyectos, aparentemente irracionales, sin naufragar, sumido en una tormenta de ideas constante.

David es movimiento.

David y Juan son dos cracks en lo suyo. Son un dúo dinámico ejemplar. Me agrada haberlos juntado con Astiberri, mi casa, su casa, vuestra casa… Me gusta, y mucho, haber podido compartir todos unas cañas -autores, editor y un humilde servidor-, porque la vida está para disfrutarla. Y se disfruta más cuando haces cosas. Muchas cosas. Con gente, mejor. Complicidad lo llaman. Disfruto especialmente con este lanzamiento, porque me siento un poquito, sólo un poquito, culpable de esta alianza, como de tantas otras que, modestia aparte, algún día, cuando alguien tire del hilo, se descubran (para mi regocijo egoísta). Seis grados de separación.

Vivimos un momento de cambios. Hay que reinventarse. Este tomo que tienes entre manos va por ahí. Enseña, entretiene y, además de contar una historia, hace historia. Escrito y dibujado desde el disfrute personal para el disfrute ajeno. Como deben hacerse las cosas. Inquietud. La tuya también, lector. Bienvenido al club.

Creadores Low Cost

Filed under: Celuloide,Saraos — el Viernes, 6 de julio

Llevan días ciertas cuestiones tintineándome en la cabeza tras pasarme por las jornadas del Cine Low Cost de Barcelona la pasada semana. Su éxito de público, un lujo en los tiempos que corren a la hora de organizar este tipo de saraos, demuestra que cada día hay más estudiantes de cine en la ciudad condal. Proyectos de cineastas que, si atienden a lo que se dijo en la mayoría de las charlas, deben de pensar que a la necesidad de contar historias con imágenes en movimiento va unida a una increíble capacidad para vivir del aire. Faltó alguna voz discordante, algún contrapunto al buen rollo imperante. Ejerzo de gruñón, por tanto, una vez aceptada esta (in)noble faceta en mi existencia. De alguna manera he de sacudir mi sensación de estar en tierra de nadie en esto del audiovisual descargable o no, las modas sólo para internautas y demás zarandajas.

Imagen de previsualización de YouTube

De entrada, está clarísimo que las redes sociales sobredimensionan. Lo sabemos, pero… ¿lo aceptamos? No termino de creerlo. Al menos a la hora de hablar con propiedad de lo que está ocurriendo en el terreno audiovisual. Se crean fenómenos burbuja con una facilidad pasmosa, sin pararnos a pensar en lo que hay ahí fuera. Otros mundos que están en éste, y no son, precisamente, realidades fatuas. Los paraísos artificiales van por nuestra cuenta. Nos mostramos encantados en un universo que más que expandirse se comprime. Realidades paralelas. ¿Por qué pensamos que todo el mundo tiene internet en su casa? Los que tienen ADSL, ¿navegan todos los días? ¿Tienen una velocidad fantabulosa? Aparte de intentar meterla en Facebook o Badoo, ¿se interesan por algo más? Es más, ¿cuántos tienen la posibilidad de navegar en la propia televisión o ver una emisión en streaming en condiciones óptimas? Mucha menos gente de la que parece. Por tanto, una buena distribución del cine en la red, de manera legal, no es tan sencilla, sin pararnos a pensar en lo que quiere (o puede) pagar el público potencial.

Imagen de previsualización de YouTube

En Cine Low Cost, una etiqueta discutible, pues la mayoría de los ponentes del evento se dedican a hacer televisión, o piezas cuyo hábitat natural es internet, se defendió, sobre todo, la honestidad en el autor. Hacer el cine que uno quiere hacer. Una idea maravillosa, siempre y cuando quede claro si se quiere vivir de ello o no. Si uno trabaja en algo que le permite ganarse los garbanzos y luego perpetra su cine en los ratos libres, estamos hablando de un arte sin ataduras. Perfecto. Sin embargo, desde fuera, el que esto escribe no pudo evitar escuchar un discurso burgués. El cine es de pijos, de hijos bien, de hijos de, de gente sin problemas económicos… Lo sabemos. ¿Lo aceptamos? Vivimos un momento en el cual cualquiera puede grabar imágenes y expulsar sus monstruos, pero poder vivir de ello es harto complicado, máxime si solamente queremos hacer lo que nos pone. Desde el punto de vista artístico no se valora igual al que realiza con solvencia trabajos alimenticios y compagina esta faceta con obra propia. La satisfacción personal está muy bien, pero la mayor dificultad es encontrar el equilibrio entre lo que podemos hacer y aquello que nos gustaría hacer, siempre y cuando no se pueda vivir del cuento. He dicho vivir del cuento, sí.

Imagen de previsualización de YouTube

En Cine Low Cost no se habló de transmedia. Una palabra que puede acabar tan sobada como multimedia, pero hay que emplearla, porque es la que existe, de momento, para definir claramente lo que vimos en los encuentros. Miguel Noguera personifica bien este concepto. Un autor que ha difundido su trabajo en la red y ha iniciado así su merecida y creciente popularidad, la que le ha permitido, como bien dijo en una de las charlas -la más concurrida- dejar otro trabajo, que no le llenaba, y vivir de lo que le gusta y sabe hacer, ya sean shows en directo, publicar libros, intervenciones en televisión, festivales, etc. Ha sabido, y podido, capitalizar su esfuerzo (que luego se convierta en oficio lo que nos mola y surjan inesperados quebraderos de cabeza es otra historia). Por ahí van los tiros. Capitalizar. Lo hablé con Carlo Padial con una cerveza en la mano tras ver la escenificación de “Go, Ibiza, Go!”. En los bares todos somos más sinceros, los micrófonos nos coartan (en la red, bajo el anonimato, nos pasamos de listos). No sé si es el futuro, pero, atendiendo a lo inmediato, convertir en espectáculo algo que hemos dado a conocer a través de la red con cierto éxito es una fuente de ingresos real -programando la propuesta en una sala, vendiéndola a eventos especializados, etc.-, casi única, en la línea del auge de los monologuistas. El resto, cobrar por descargas y demás, es una entelequia mientras no se demuestre lo contrario. Las cifras cantan. No quiero alargarme con mil ejemplos más, porque si algo han sabido hacer muy bien los responsables de Cine Low Cost, bravo por ellos, es reunir a un buen grupo de nombre esenciales en el actual panorama transmedia. Sí, transmedia. Creadores audiovisuales Low Cost que graban sus historias, las cuelgan en la red, tienen tirón y saltan a las tablas, la caja tonta, la radio o lo que les echen, donde sí hay (algo de) vil metal. Así, con dignidad, no viven del cuento, aunque sea igualmente una opción perfectamente válida, siempre y cuando se luzca con sinceridad.

Imagen de previsualización de YouTube

Se mencionó “Extraterrestre”, una vez más, como ejemplo cercano de una cinta cuyo estreno más viable parecía su lanzamiento directo en internet. Aquí uno se plantea si determinados cineastas que idolatramos se conocen más como personaje que como autor. El número de posibles espectadores no es igual al número de followers. Reciente tenemos el estreno de “El mundo es nuestro”: 10 millones de plays en la red, pero solamente algo más de 6.000 espectadores en los cines el primer fin de semana de su lanzamiento, con un buen número de copias. Flojo. No es lo mismo para el personal ver algo un rato en internet que pagar por visionarlo, supuestamente a lo grande, en la sala oscura. A ver qué pasa estos días con “Carmina o revienta”, no le falta respaldo mediático, pero el tema del estreno simultáneo en varias ventanas está más que verde. Para empezar, muchos exhibidores quieren quedarse como estaban y el grueso de los productores, los de la vieja escuela, la única que existe con algarabía, también. Parchean un sistema caduco enarbolando ideas alejadas de la realidad y ahogan posibles nuevas vías de subsistencia en una desesperada huida hacia delante, sin rumbo fijo ni intención alguna de parase a pensar en lo que está aconteciendo a su alrededor. ¿Para qué escuchar a la audiencia? Unido a lo antes mentado, que en este país hay menos usuarios que se manejan con soltura en las múltiples pantallas de lo que creemos, o aceptamos, la pelea no ha hecho más que empezar. Además, estamos inmersos en una guerra de formatos. Esa obsesión extendida por hacer largometrajes, ¿por qué? ¿Lo demás no vale para que te tomen en serio? ¿Es más válido ver una película en el cine que en un iPad?

Imagen de previsualización de YouTube

Siempre ha existido el “do-it-yourself”, no es nada nuevo. La diferencia es que ahora puedes difundir mejor tu trabajo a través de la red. No se habló en Cine Low Cost de maneras de producción alternativas, de autosuficiencia. De maneras de rentabilizar. Quedó claro que no se valora el material humano en los márgenes del bajo o inexistente presupuesto. Hay cosas que son gratis que no lo son. No. Las cámaras no vienen de regalo con los huevos Kinder. Las luces tampoco. Nada. Así es difícil crear un panorama fértil desde el punto de vista económico. Girando el volante, dudo que el crowdfunding, que tampoco se debatió en profundidad en Barnapolis, solucioné problemas vitales aquí expuestos. Como todo lo que se pone de moda, hay exceso. O me arruino o me quedo sin amigos, porque al final estamos subvencionándonos entre nosotros. Hay que aprovechar que somos una minoría fiel, pero hay que seleccionar lo que se apoya mediante este método de un modo racional, por razones obvias. De entrada, desde el punto de vista estético, atendiendo al modo de representación, no son precisamente propuestas rompedoras las que se abren camino con este sistema de financiación tan necesario como evanescente. No veo que se apoyen los proyectos más temerarios, más bien se apuesta, no sin cierta lógica, por las iniciativas de los colegas o los planteamientos más triviales. La búsqueda de mecenas particulares es una importante salida a estudiar, antes de que esta posibilidad se vaya al garete por sobrecarga.

Imagen de previsualización de YouTube

Queda abierto el debate, porque aquí, más que intentar resolver, se exponen sin tapujos cuestiones, ya conocidas, a las que debemos encontrar pronta respuesta sin irnos por las ramas. Más nos vale si queremos rentabilizar nuestros esfuerzos más allá de la figura del hype cibernético. ¿De qué viven los creadores low cost? ¿De qué quieren vivir? Nos centramos en el cine, pero el asunto es extrapolable a otras disciplinas. Quizás no todos los artistas pueden vivir de su arte. Así ha sido a lo largo de la historia de la humanidad. Y no pasa nada, ¿no?

Avisados están…

Filed under: Autobombo,Celuloide,Saraos — el Viernes, 25 de mayo

Hay información del curso de marras pinchando alegre AQUI.

Fondue de viñetas

Filed under: Garabatos,Saraos — el Martes, 22 de mayo

A toro pasado, cuando mis múltiples quehaceres –que duren- me lo han permitido, escribo sobre mis apreciaciones acerca del último Salón Internacional del Cómic de Barcelona, una cita otrora indispensable que este año ha despertado más filias que fobias. El amigo Santiago García, tan elocuente como siempre, expuso muy bien AQUÍ lo que muchos pensamos desde hace tiempo. Por mi parte voy a intentar aportar algo más a lo ya trillado en la blogosfera en las últimas semanas, sin pecar de cansino (o sí). Mis disculpas por el retraso.

Vaya por delante que puedo presumir, ¡qué coño!, de conocer este tipo eventos desde ambos lados de la barrera, como organizador –a menor escala- y consumidor, como autor y juntaletras. Es imposible, por tanto, que no aparezca en escena mi deformación profesional cuando asisto a este tipo de actos. Saraos que todavía venero, porque es necesario, más que nunca, visto lo herida que está la cultura, pero no hay que dejar pasar, por mucho que sintamos pasión por algo, que todo ha de evolucionar, acorde a los tiempos que corren, sin perder su espíritu. En el caso que no ocupa me atrevo a decir que están cargando las tintas en aquello que, precisamente, está alejando al aficionado a las viñetas de su referente anual en la piel de toro. Palos de ciego. Riesgo real ninguno. Movimientos que no dan pie a encontrar un público nuevo y no se fideliza el existente. No hay signos de reinvención respondiendo a la demanda social, más bien cierran filas en su deseo de “quedarme como estoy”, que nadie toque mi economía. Ven a consumir, entra y sal por la puerta, y me quedo tan contento.

Los que llevamos años asistiendo al Saló sabemos que las cifras que dan, el mismo domingo a través de una nota de prensa, cuando sospechosamente todavía quedan horas para que se cierren las puertas, están escandalosamente infladas, son ridículas. No tienen sentido, viendo in situ cómo bajan las ventas en muchos stands años tras año –no entremos en los rumores sobre la existencia de privilegios a la hora de encontrar situación en el mapa para vender mejor o peor el producto- y hay unas calvas sonadas en los pasillos, sobre todo en los primeros días del festival. Nada que ver con las fotos de la Comic-Con de San Diego, a la que se quiere el Saló parecer, con todo el derecho del mundo, pues Ficómic es una empresa privada, como bien se ha dicho, y los números los saben manejar, pudiendo hacer lo que les dé la real gana. No voy a hurgar más en la herida de las cifras, cantan por si solas, otra cosa es que nos quieran vender lo que no es. Por ahí no tenemos por qué tragar sin más, como si no pasara nada, porque el ejercicio de la crítica constructiva hay que defenderlo más que nunca en los tiempos en los que la autocrítica brilla por su ausencia.

Está claro que Barcelona es una ciudad muy grande, no es Angoulême, luego es difícil montar algo similar en la ciudad condal, como algunos han pedido. Tiene más sentido en otras localidades más manejables (era el proyecto inicial en Getxo, por ejemplo, olvidado por recortes asesinos, con lo cual actualmente tampoco es un modelo a seguir, me flagelo). Al Saló podemos pedirle, pero no exigirle. Expuesto queda el deseo de que mantenga, por lo menos, su condición de cita anual para el sector. Ese referente que parece que hemos perdido porque nos sentimos intrusos en lo que debería ser nuestra casa. En general, antaño había una sensación de fiesta, de celebración, que ahora no se aprecia en absoluto. Los propios stands son tenderetes o supermercados puros y duros, algunos cerrados, hay que entrar para comprar, cuando antes se curraban decoraciones divertidas que daban mucha vida al entorno e invitaban al público a unirse al acontecimiento. Quizás los excesivos precios de los alquileres de casetas han matado lo que se debería fomentar. Para sacarme fotos delante del poster de algún blockbuster no me molesto en salir de casa.

Las exposiciones, por empezar por algo atendiendo verdaderamente al contenido del festejo, no son lo que eran. Predomina la cantidad antes que la calidad, en un caos absurdo. Cuando digo calidad no me refiero al material expuesto, pienso en cómo están montadas, sin gracia ni cariño. Echo de menos esas muestras trabajadas, con su puesta en escena, su dirección de arte, su mimo y capacidad de atracción. Esos originales colocados con gusto en un espacio trabajado que te aislaba del resto del recinto. Ahora tienes que ver las planchas con una cacofonía insufrible de acompañamiento y todo tipo de estímulos a evitar cuando uno quiere concentrarse y dejarse llevar por aquello que le fascina.

¿Qué hay de la zona de fanzines? Esos apestados colocados en donde no molestan, ¿por si dan mala imagen? Stands situados en forma de U, cerraditos, a espaldas del resto del evento, cerca de la salida. Con la vida que dan. Con lo que se cuece ahí. En otros tiempos estaban pizpiretos en el centro, en el meollo, se notaba la energía, abiertos al público y no marginados, como este año la exposición de David Sánchez, al final del todo, otro ejemplo. Si fuese un festival de música al aire libre ahí es donde íbamos a miccionar todos, ¿no? Y hablando de eventos con conciertos, que se relacione directamente –desde la rueda de prensa de presentación, tirón de orejas para el departamento de comunicación- al Saló con Rock in Río, un invento sacaperras en franca decadencia, como bien apunta su cartel de este año (han tenido que reducir días a última hora), que poco o nada tiene que ver con la historieta, dice bastante del perdido criterio de los responsables del cacao que nos ocupa, un equipo que sabe hacer muy bien ciertas cosas –por mi parte soy el primero que aplaudo la logística y demás-, pero para otras parece que no tienen los pies puestos en la realidad. Lo de los conciertos programados sin más, tampoco hay quién lo entienda. Lo suyo es gestionarlo de otra manera, como la entrega de premios, acto que prefiero obviar por rancio y carente de emoción, adjetivos extensibles a toda la gama de actividades que nos brinda el Saló, donde la sociabilidad no es lo suyo.

Estoy harto de oír que la gente del cómic somos protestones, criticones y poco agradecidos. Me muevo en otros mundillos, por suerte o por desgracia, y es el menos infame en este sentido. Poco bramamos, por eso sorprenden más nuestras quejas. Si hablamos de cine, por ejemplo, todo el mundo es consciente de que tal o cual festival está organizado de aquella manera. No es fácil poder controlar mastodontes así, al margen de la inoperatividad humana reinante, pero como el personal se lo pasa bien y va a lo que va, cumpliendo objetivos, las sonrisas sobresalen por encima del mal rollo. Es difícil que en algo así salga todo bien. En realidad, imposible. La perfección es una ilusión, pero si el sentimiento general fuese que el cómic se promociona sin traicionar su esencia y abundase la diversión para todos los públicos otro gallo cantaría.

Está claro es que este modelo de Salón está caduco para ciertos intereses. Pagar por entrar a un sitio a comprar no es de recibo. Máxime cuando ahora podemos encontrar aquello que buscamos por internet si vivimos en el quinto pino. Lo de la fondue de chocolate y las tiendas de chucherías es lo de menos. Si el resto nos convenciera nos parecería estupendo, un toque de color. El problema es que no estamos a gusto en un acto que, supuestamente nos representa. Queremos salir del gueto en el que ha estado el cómic durante muchos años, pero vamos a nuestra cita anual favorita y salimos de la feria con la sensación de que seguimos hundidos en una ciénaga donde parece que no nos queda otra que convivir con el frikismo galopante. Algo que, repito, nos la refanfinflaría, nos gustaría, nos regodearíamos, si existiese un equilibrio. Hay una escena del cómic que está empresarialmente ligada a la industria del videojuego y el cine, hay una legítima sinergia entre sus contenidos y sus públicos, pero se pueden hacer las cosas de otra manera. Simplemente con elegancia. Eclectiscismo sí, cajón de sastre no. No tiene sentido intentar competir con Port Aventura.

Los otakus, por cierto, son como langostas. Llegan, lucen sus hábitos, la gozan tocándose entre ellos, pero no se integran. No compran apenas. Antes les defendía en este tipo de eventos, pero ya me he cansado. Sí. Y sigo leyendo manga más que muchos de ellos. Comprado, no descargado. Pero el 80%, o más, no saben que existimos, que hay otros mundos que están ahí. No es despecho, es pedir un mínimo de inquietud hacia lo que tienes alrededor. No evolucionan. Suelto este exabrupto porque las piezas que reflejan en los telediarios lo que somos están casi exclusivamente protagonizadas por tipos disfrazados sin discurso y una parafernalia desfasada que hace poco favor al negocio (sí, al negocio). Cuando sale en los telediarios alguna noticia de la Feria del Libro de turno, es otra cosa, por poner un ejemplo en la línea. Colas de gente firmando, charlas, entrevistas a verdaderos protagonistas. Hay respeto. Aquí la piedra hay que lanzársela a los medios, ¿eh?, al resto una pedorreta.

Puedo seguir largando como un poseso, pero mejor dejo algo para los posibles comentarios (si hay debate a estas alturas). Concluyendo, ya sabemos que necesitamos otro acto centrado en las viñetas que nos represente, donde la parte cultural sea lo importante, pero no tiene que ser una mutación del Saló. Deberían convivir varias citas, cada una con su personalidad, sinceras, que no engañen a su público potencial, y tan campantes. El que quiera y pueda ir a todas, mejor para él. La respuesta va a llegar en los próximos meses, estoy seguro, viendo el clamor popular. Al fin y al cabo queremos una excusa para juntarnos y sentirnos cómodos. Nada más. No es mucho pedir. Personalmente, odio que el éxito de una evento se mida en número de visitantes que han pasado por taquilla, número de exposiciones acumuladas, número de invitados, número de… En oferta en número siempre ganará El Corte Inglés.

Cabecera Comicortos

Filed under: Celuloide,Garabatos — el Martes, 10 de abril

El amigo Angel, creador de las entrañables “Necróticas”, se ha currado una cabecera para el concurso COMICortos, que amplia el plazo de recepción de obras hasta el 30 de abril y ya tiene jurado.

Imagen de previsualización de YouTube
Anotaciones Anteriores »