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Exito para perdedores

Filed under: Garabatos — el Miércoles, 5 de septiembre

Esta vuelta al cole en el INFRAblog va de textos sobre la obra de gente cercana. Va aquí el prólogo que hice para la edición de EXITO PARA PERDEDORES, pergeñado al alimón por Juan Díaz-Faes y David Cantolla con el sello de Astiberri. Aproveché la coyuntura para hablar de mi experiencia en los años 90, como retrata en parte la propia novela gráfica. Me despaché a gusto estás líneas, con emoción, humor y devoción.

“DOS CRACKS EN LO SUYO”

Me encanta la gente inquieta. Seres de una rara especie en extinción. Me gusta tenerlos alrededor. Individuos que no paran de darle vueltas al coco y obran en consecuencia. Disfrutan haciendo cosas sin parar, apasionados en lo suyo. Crean otros mundos que alegran éste, se mueven, agitan conciencias, nos zarandean. Sea por amor al arte o satisfacción personal, para ganarse las lentejas o alimentar el alma. Todo junto es lo ideal, labrándose una carrera profesional envidiable, ¡en pie de guerra!, aprovechando al máximo el tiempo, ocio incluido, para crecer y evolucionar. Me agrada sobremanera que se crucen en mi existencia. Que haya sincronías. Que surjan sinergias. Siento que a veces, consciente o inconscientemente, actúo de elemento catalizador de este tipo de personas, más difíciles de encontrar de lo que parece. Nombres que no actúan dándolo todo en lo suyo únicamente bajo los efectos de un egotrip, sin nada que contar realmente. Le dan al lápiz, el ordenador o la sartén, con corazón y cabeza. Cabeza y corazón. Y modestia, mucha modestia. Los junto, nos juntamos, reímos, curramos, me cuentan, les cuento, les observo, paso envidia sana, me regodeo…

Erase una vez un individuo de aspecto afable, un duende risueño, pizpireto, que se cruzó en mi camino con sus patillas de hacha, revelándose como un excelente operador de cámara en un rodaje apresurado de un videoclip –como todos- allá por el 2010 (a la vuelta de la esquina). El tipo en cuestión, modesto a rabiar, conectó conmigo de inmediato por su condición de asturiano. Aparte, le gustaban los tebeos. Es más, los dibujaba. ¡Los dibuja! Y no lo hace mal. Nada mal. Pero no es su única virtud, amigo lector (¿también en extinción?). Hasta conocer a Juan Díaz-Faes creía que yo, ¡yo!, era “el hombre en España que lo hace todo”, como la canción de Astrud, pero no, ese título no me corresponde. Para nada. Lo gana día a día este currante nato, creador a destajo, que lo mismo ilustra una revista de una compañía aérea recomendando qué hacer en alguna ciudad perdida que dirige un documental de surf original a rabiar, o se curra un ágape que te obliga a replantearte ser creyente. Porque, además de darle al lápiz y a la tecnología audiovisual, Juan cocina como nadie, hace deporte como un jabato -tiene trofeos de natación, juega bien al parchís-, cuenta chistes en las presentaciones (por eso le fichamos, en realidad, para el segundo volumen de “Cortocuentos”), rasca la guitarra… No me dan los dedos para enumerar las buenas acciones de este entrañable compañero de fatigas que, probablemente, se sonroja en grado supino cuando lee estas líneas.

Juan es magia.

A David Cantolla lo conozco menos, apenas un puñado de reuniones en el Oskar, cafetería madrileña en Santo Domingo que ya se ha convertido en mi segunda oficina (la de fauna que se pasa por ahí, ríase usted de la Factory de Warhol). El entusiasmo nos unió enseguida. Conexión. Más complicada de lo que parece en este mundo hiperconectado. El proyecto que tienes entre manos, nunca suficientemente apreciado lector, narra con gracejo y conocimiento de causa parte de sus intensas vivencias. Cuenta mucho del ser humano, de cómo somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, ¡cómo despertar! Tuve la suerte, enorme vista con el tiempo, de vivir en mis propias carnes el boom de las .com, las tiendas virtuales, los canales especializados… Allá en los años 90, aquello era una fiesta. La otra cara está en estas páginas (y más, mucho más…). David vivió esa época de una manera diferente, pero, hablando de ella al unísono, con sus más y sus menos, reímos en alto. Y no lloramos. En absoluto. Ambos, interconectados en el espacio-tiempo, disfrazados cada uno de un palo, aprendimos mucho en esos días de locura empresarial, de nuevas tendencias ahora pasadas, de aceleración… David ha sabido luchar ante la adversidad, aprovechar al máximo los recursos, el momento, el instante… Estar ahí y no mirar para otro lado. El noble ejercicio de levantar proyectos, aparentemente irracionales, sin naufragar, sumido en una tormenta de ideas constante.

David es movimiento.

David y Juan son dos cracks en lo suyo. Son un dúo dinámico ejemplar. Me agrada haberlos juntado con Astiberri, mi casa, su casa, vuestra casa… Me gusta, y mucho, haber podido compartir todos unas cañas -autores, editor y un humilde servidor-, porque la vida está para disfrutarla. Y se disfruta más cuando haces cosas. Muchas cosas. Con gente, mejor. Complicidad lo llaman. Disfruto especialmente con este lanzamiento, porque me siento un poquito, sólo un poquito, culpable de esta alianza, como de tantas otras que, modestia aparte, algún día, cuando alguien tire del hilo, se descubran (para mi regocijo egoísta). Seis grados de separación.

Vivimos un momento de cambios. Hay que reinventarse. Este tomo que tienes entre manos va por ahí. Enseña, entretiene y, además de contar una historia, hace historia. Escrito y dibujado desde el disfrute personal para el disfrute ajeno. Como deben hacerse las cosas. Inquietud. La tuya también, lector. Bienvenido al club.

1 comentario »

Comment by Angel Vallejo

Genial obra. La ilustración es la precisa, directa y sin distracciones. El texto forma el estupendo guión de unos hechos que, mirados hacia atrás por David Cantolla, tienen el sentido de un proceso vital más que interesante. Un diez para ASTIBERRI (por tomar el riesgo) y otro para Cantolla y Diaz-Faes. Si el lector, además, está familiarizado con el mundo de las puntocom y las finanzas de la web, se identificará necesariamente con el relato.

septiembre 5, 2012 @ 11:48 am

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