Madrid caníbal
Estoy comprando el periódico. Delante de mi una treintañera habla con la quiosquera. Escucho atónito que dice tan campante, casi con orgullo, que no sabe quién es el Che Guevara. No la quiosquera, la treinteañera con pinta de persona “normal”… No tiene ni puta idea de quién es ese señor… Me muerdo la lengua. La quiosquera defiende bien la situación: probablemente se queda sin una cliente, pero desde ya es una persona ilustre…
Camino por Preciados y una estampida de “topmanteros” nos arrolla a varios transeúntes que caminamos tranquilamente una tarde tonta del fin de semana. Del empujón mi mp3 sale despedido a tomar por culo. Pego un grito, y no sé si el alarido va a los pobres negros (perdón, gente de color) que corren despavoridos, a la policía que les pega el susto acorde a su rutina diaria o a la gente de mi alrededor que ni pestañea ante la situación. Es que es algo normal, supongo… Pero a mi no me lo parece, y no quiero que así sea en mi cabeza.

Noche del sábado. Los zombis ocupan el centro, sobre todo la Gran Vía. Eso sí es una marcha de muertos vivientes. Es la famosa “noche en blanco” (famosa porque sale por la tele), una iniciativa interesante que se queda en pasatiempo dominguero. Mucho acto bluff en la programación, y la masa caminando de aquí para allá porque es gratis. Hacen colas infernales para entrar a los museos, que abren hasta altas horas. El resto del año se quedan en casa, o algo peor, y se pasan la cultura por el forro. Muchos no saben quién es el Che Guevara.
A mi me gustaba la Gran Vía con los carteles gigantes de cine, cuando había más de tres salas, y las luces de neón. Eso se ha perdido, y no es lo único, pero pretenden sobornarnos y que miremos para otro lado con UN DIA de circo subvencionado, ahora que el pan cuesta lo suyo.
Esta gran ciudad es una metáfora gigantesca.
Y la pantalla de mi mp3 se ha rayado.
La Sección Oficial del último festival de Sitges contó con gran presencia española, situación que invita a pensar que el cine de género está abriéndose camino en nuestra maltrecha cinematografía. Varias fueron las producciones nacionales que compitieron en el evento catalán, entre ellas El rey de la montaña, cuyo argumento se acerca más al thriller que al terror. La etiqueta de cine fantástico engloba películas de variado pelaje, por ello el tercer largometraje en la personal filmografía de Gonzalo López Gallego, tras Nómadas y Sobre el arco iris, no desentonó entre cintas de zombis, gore y ciencia-ficción. Su propuesta juega con elementos mínimos para generar tensión. Un hombre viaja en su coche entre montañas. Su periplo es interrumpido por los disparos de un enigmático francotirador. A partir un planteamiento tan simple el joven realizador pretende mantener al espectador inmóvil en su butaca. Un difícil objetivo, que consigue por momentos a base de introducir giros inesperados en la acción, un torrente de sorpresas que desembocan en un final imprevisible, arriesgado y cortante.







