¿Por qué?
Estoy triste. Una de las cosas que más me molaba de Madrid cuando visitaba la capital con mis padres de pequeño eran los gigantescos cines de la Gran Vía, con esos enormes carteles pintados a mano luciendo en la fachada, rodeados de luces… Todo esto, por desgracia, se está perdiendo a pasos agigantados. Los ploteados han susitituido a la pincelada, pero la llegada de las nuevas tecnologías es un mal menor al lado de la muerte de numerosas salas, algunas míticas, reconvertidas en grandes almacenes. Algún político avispado ha tenido la genial idea de levantar una ley de protección histórica que impedía que este tipo de lugares, donde se proyectan los sueños sobre una gran pantalla blanca, se vendiesen al mejor postor. Y el mejor postor ya sabemos quién es, o quiénes son. El imperio Inditex mató Madrid Rock, una tienda emblemática para cualquier amante de la música que no escupe la radiofórmula, y ahora arrasa con los cines antiguos y teatros, ayudado por otras firmas que abogan por un mundo artificial. Van cayendo todos. No imagino una Gran Vía sin cines. No imagino un mundo sin cines. Soy consciente de que hay males mayores en el mundo, pero me tendré que ir acostumbrando…
