A una semana del Salón Internacional del Cómic de Barcelona nos deja una de las figuras esenciales de nuestra historieta, el gran JOSEP MARIA BERENGUER, un editor indispensable, un amante de la viñetas y de la vida sin cuya lucha esto de los tebeos en nuestro país sería otra cosa. Porque los tebeos, además de dibujarse, deben ver la luz, llegar al lector, y tipos incansables como JOSEP MARIA son los que lo hacen posible. Cabeza de La Cúpula y alma máter de la revista “El Víbora”, una de las publicaciones más importantes de la historia de la humanidad, así de claro lo digo, ha fallecido con los deberes muy bien hechos. Gracias a su paladar los aficionados al cómic hemos podido degustar las páginas de nombres esenciales del noveno arte, gente como Robert Crumb, Charles Burns, Dave Cooper, Daniel Clowes, Chester Brown, los Hernández y tantos otros. Gracias, maestro, por ser un gran editor, por ser amigo, por esas conversaciones vitales, por todo…
El pasado noviembre le dimos un homenaje a BERENGUER en el Salón del Cómic de Getxo, sin imaginar, para nada, lo que acaba de ocurrir hace unas horas. La noticia ha conternado al mundo de las viñetas, en nuestras fronteras y más allá. Desde el verano de 2011 me reunía con él a menudo, en su oficina, para elegir el material a exponer en la oportuna muestra que programamos para redondear el galardón getxotarra. Nadábamos entre originales. Chapoteábamos en nuestra historia del cómic. En la vida. Rescato a continuación un texto sobre “El Víbora” aparecido con motivo del evento en las páginas de EL CORREO. Va mi particular abrazo escrito, allá dónde esté, a un grande entre grandes.
“LA MEJOR REVISTA”
A partir del año 1979 se produjo un interesante fenómeno en el mundo del cómic en nuestras fronteras. Nació una manera diferente de entender la historieta, más libre creativamente hablando, abrazada a la sátira y a la contracultura. La revista “El Víbora” fue uno de los pilares fundamentales de esta revuelta gráfica que criticaba el sistema y se adentraba en diferentes temáticas al margen de la oficialidad. Los más sagrados tabúes de la sociedad de la época eran dilapidados, entre destellos de humor absurdo, invitando a la reflexión. Los tebeos reflejaban la realidad, la criticaban y huían de ella.
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